Viaje sin rumbo fijo. Día 3

Sin haber dormido ni descansado del todo bien, desayunamos en el Hotel La Casilla una leche manchada y tostadas frías para dirigirnos al monasterio de Corias, el cual da nombre al vino blanco tan rico que tomamos ayer y nos recomendó acercarnos el amable camarero madrileño que conocimos. Aquí, veremos el monasterio de piedra, tomaríamos…