Viaje sin rumbo fijo. Día 4

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Amanecimos temprano en un día muy nublado y frío, de hecho en el día típico asturiano. Una vez sacamos las motos del cobertizo del hostal nos fuimos dirección Cangas de Onís, para desayunar de camino ya que el par de bares que hay por la zona no nos llamaron la atención. En vez de desandar el camino que realizamos ayer, fuimos por una carretera que bordea las montañas, tal y como nos recomendó uno de los regentes de Casa Julián, que hace sus veces de guía turístico. Lo cierto es que nos recomendó  infinidad de lugares, pero lamentablemente no tenemos tanto tiempo. Una gente muy hospitalaria.

La carretera serpentea por las laderas de la montaña hasta llegar a Arenas de Cabrales, dejándonos unas vistas y olores para el recuerdo. Totalmente verde, con praderas enormes y curvas cerradas muy divertidas, aunque tan temprano y con tanta humedad, nos lo tomamos con mucha cautela y calma, sobre todo también por todo el ganado que anda suelto por aquellos lares.

KTM Duke 125 en Allés (Asturias 2017)

Esta carretera para por Allés, uno de los pueblos más bonitos que conozco de toda Asturias, donde paramos a desayunar junto con dos hombres del campo que pronto se fueron. No es aldea sino pueblo, con casas muy restauradas, una iglesia muy bonita y una plaza rústica por la que pasa a las nueve de la mañana el percebeiro megáfono en mano vendiendo su producto. Pasar de nuevo por Cangas de Onís e ir a contrapelo como dicen allí, tiene sentido cuando llegamos al desfiladero de los Beyos, la carretera que parte de allí a Riaño, en León.

Paramos para tomar el último café de la mañana y hacer la foto de rigor en el puente. Fue como una parada en campamento base, ya que llenamos el tanque de gasolina y aproveché para terminar de subir el blog de ayer, puesto que entre que el wifi del hostal era inexistente y no teníamos cobertura para compartir los datos del móvil con el portátil, no pude hacerlo en su momento.

Ya terminada la parada nos dirigimos al nombrado desfiladero, una carretera que va de menos a más. Empieza siendo una carreretera bastante divertida, muy bonita pero sin nada demasiado especial a una carretera angosta (de ahí recibe su nombre) vadeando el río en todo momento, muy cerquita de él, yendo entre las altas paredes de piedra a escasos centímetros del inexistente arcén. Por aquí recordaréis los que lleváis siguiente tiempo este blog y mis pequeñas aventuras, que pasé por casualidad por esta carretera y que me dejó completamente boquiabierto. Hoy, eliminando el factor sorpresa, he vuelto a disfrutar como un niño, anonadado con la increíble orografía de Asturias  y más concretamente de esta zona  y con una sonrisa en la boca trazando cada curva, muchas veces, habiendo tres y cuatro dentro de una misma. Una de mis carreteras favoritas, sino la que más. Mi zona preferida del país, sin duda.

Paramos en el mismo apartado en el que paré hace tres años, para recrear la foto de entonces, pero esta vez, los cuatro; nosotros dos y las dos motos. Además paramos un poco más adelante en un bar, al lado de unos de los múltiples puentes que cruzan el río, como metido en la montaña, donde las vistas quitan el hipo. Ya comentado todo reanudamos la marcha saliendo dirección Riaño y una vez vamos saliendo la carretera se vuelve más rápida y la vegetación cambia por completo, acabando en unas gigantescas llanuras tremendamente verdes entre las montañas.

Paramos a comer pasado Riaño, dirección ya a Palencia. Aquí cogimos la carretera que nos tocaba pero en dirección opuesta y no nos dimos cuenta pasados 50 kilómetros cuando ya la ubicación no nos cuadraba. Tardábamos demasiado en no perdernos… Media vuelta y ahora sí que podemos decir que “ancha es Castilla” decenas y decenas de kilómetros de carreteras nacionales amplias y más rectas que una regla. Así terminamos un día con más de 320 kilómetros, los últimos muy tediosos, de los que hemos terminado muy cansados y con bastante dolor de culo, si me permitís. Eso de no tener que moverse encima de la moto pasa factura.

Acabamos el día en nuestro punto de destino donde teníamos reservado una pensión de peregrinos ya que por aquí pasar el camino de Santiago, en San Martín de Frómista, donde se encuentra una de las iglesias románicas más importantes de Europa, la cual he estudiado en historia del arte y como curiosidad, me entró en el examen de fin de curso y de donde es un viejo amigo.

De la pensión poco que decir más que si buscáis un lugar barato tan solo para descansar es ideal, 38€ la noche, limpio, con wifi a velocidad de tortuga eso sí pero con baño compartido, pero muy limpio y nuevo puesto que el centro solo tenga 4 habitaciones ayuda a ello.

Mañana ya será el último día, bajando hacia Madrid y buscando ahora las curvas las cuales, sin pérdidas, llegaremos a los 1400 kilómetros. Lo que es un viaje tranquilo para disfrutarlo.

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