Italia Roadtrip. Día 12. Final de la historia

​ Último día y ultima noche en este tremendo País.

 Ya nos despedimos de Roma, le dijimos jasta luego a Florencia y hasta pronto a la Toscana. Hoy ha tocado hacer lo mismo de Venecia.

Pegaba el sol como ningún día y es que llevo muy mal el calor de la costa. Aún así volvimos a perdernos entre los laberintos que son las calles de esta ciudad. Calles estrechas y llenas de tiendas, sobre todo de máscaras. Cuantos tipos y de que diferentes formas de decorarlas. Aquí, el carnaval, debe ser espectacular y más aún  en épocas antiguas cuando Italia era una potencia mundial en Artes. 

Llegamos así a la parada del Vaporetto que en tres cuartos de hora nos dejaría en Burano. Decidimos, como os dije ayer, visitar una sola isla, para verla bien y luego dar una última vuelta por Venecia.

Pasado el agobio y el calor del transporte público del Véneto, debido a la gran cantidad de gente que lo cogemos y a la falta de educación de muchos que hace que la convivencia en este tipo de situaciones sociales no sea de lo más agradable, llegamos a Burano. 

Este no es un lugar histórico y con arte como Roma o Venecia ni tan peculiar como Vencía, sino aún más. 

Una parada obligatoria si vienes a esta zona. Es tan peculiar como distinguida. Peculiar a la manera veneciana, con esos canales y puentes, nada parecido a lo que haya visto nunca pero esta, sin embargo, no es ni tan ruidosa (que tampoco lo es tanto Venecia) ni tan sobria en sus colores y formas. En Burano cada casa está pintada de un color diferente a su vecina. De colores vivos y no más de dos o tres plantas. Con balcones preciosos, azoteas de madera que incitan a subir. La historia dice que en época de nieblas a los barcos les era complicado circular por sus canales, por lo que se decidió que las casas se pintaran de colores vivos y así marineros y vecinos pudieran guiarse mejor. Esto se conservó como una tradición y ahora el Ayuntamiento obliga a cada propietario a pintar sus casas cada poco tiempo para conservar sus colores. 

Como he dicho, no hay nada parecido y tan original que haya visto ni en vivo ni en fotografías. La ciudad huele a pueblo de toda la vida, tal y como olían los pueblos de la Toscana. Se respira tranquilidad y te sientes bien acogido según pisas tierra firme. 

Es una isla pequeña por lo que lo mejor que se puede hacer, y así procedimos, es callejear y perderse. Cada callejón lleva a lugares más extraños y bonitos y al final de la isla, en el otro extremo del puerto donde se coge el Vaporetto hay más amarres, estos particulares y un pequeño parque desde el cual se dividía todo el skyline de Venecia y ciudades cercanas como Torcello.

Nos perdimos entre sus adoquines adentrándonos en las zonas menos turísticas, viendo el día a día de la gente que allí vive, en su gran mayoría comerciantes y marineros pescadores, y luego buscar un lugar donde comer sin dejarnos un riñón en el intento, pues aquí puedes pasar de comerte una hamburguesa rápida por 4€ a un plato de pasta por 35€. Quizás un término medio fue lo que más nos convenció. 

Tras un último vistazo a los canales, casas pintorescas y si torre inclinada nos fuimos, deseando poder tener una de esas casas que están en venta, muchas por cierto. 

Y ya último paseo por Venecia. Una cena rápida y un helado sentados mirando la puesta de sol entre las estrechas calles y las amplias plazas. Una ciudad en la que nos han faltado días para verla a fondo y quizás, un hotel más céntrico donde poder aprovechar más el tiempo, pero el presupuesto es el que es y las circunstancias son las que son.

La historia aún viva de Roma, la idiosincrasia italiana, el arte y ambiente presentes en Florencia, la belleza y tranquilidad de la Toscana, la forma de ser, activa y parlanchina de los italianos, los canales, las casas y el tiempo que parece haberse detenido en Vencía y Burano… Todas estas cosas que hemos visto en este viaje, que hemos vivido y algunas de ellas hemos sufrido. Si me tuviera que quedar con algo me quedaría con todo, pero si me ponen entre la espada y la pared me tendría que quedar con el espíritu aún vivo de Florencia y el tiempo detenido de Venecia.

Me despido de vosotros con esta última entrada de este magnífico pero corto viaje. Nos seguimos leyendo en próximos viajes y comentarios.

Pronto traeré los vídeos del viaje, supongo que serán cuatro en total. Como viene siendo habitual en mis viajes. Si queréis verlos solo tenéis que suscribirnos a mi canal, lo cual también se agradece. Lo puedes ver aquí.

Ciao!

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