Italia Roadtrip. Día 9

Hoy fue nuestro último día completo en Florencia. El viernes a primera hora recogemos el coche de alquiler, nuestro Pandita, y pondremos rumbo a la Toscana.

Descansamos bastante mal en esta cama y nos cuesta cada vez más levantarnos para el desayuno. Al menos hoy fue un día relajado para dejar de dar tanto trote a las piernas. 

Empezamos tras volver a desayunar el peor café de la historia, a diseñar la ruta del viernes por la Toscana y de los pocos días siguientes que nos quedan, los cuales estaremos en Venecia. Hay muchos lugares que queremos visitar pero no creo que nos dé tiempo a verlos todos. La ruta que he programado, sin pérdidas, algo poco probable, es de unos 300km. Nuestro primer destino será Pisa, en la parte más occidental de la península y la cual será algo breve, ver la torre inclinada y poco más ya que siempre nos han hablado de lo poco que hay que ver de aquí. Luego bajaremos al sur hacia San Gimignano, Volterra, Monteriggioni y Siena. Estos últimos están algo más cercanos entre sí, pero no creo que de tiempo a ver todos. Quizás el principal que queremos ver es Siena y de ahí, todo lo que nos dé tiempo será fantástico. 

Es una lástima ir con tan poco tiempo porque sería para estar un mes en Florencia y otro mes más conociendo la Toscana. Desde que vine por primera vez a Florencia he soñado con retirarme aquí o al menos vivir una temporada.

Con la ruta de Venecia y sus islas del Véneto nos pasa algo similar, pero eso ya os lo contaré llegado el día. 

Ya mas o menos ideada la ruta de la Toscana y habiendo preparado el navegador en nuestros smartphones (Utilizaremos Waze, ya que es uno de los navegadores más fiables y completos) nos dirigimos hacia las afueras de Florencia, hacia la plaza de la libertad, donde nos dijo uno de los recepcionistas del hotel que se podían dejar los coches aparcados y en nuestra zona, al ser el centro, no podemos pasar ya que solo pueden acceder residentes. Esto es porque el coche lo alquilamos 24h completas, por lo que podemos aprovechar todo el día y llegar sin prisas al hotel y dejar el coche por la mañana antes de coger el tren a mediodía dirección Venecia.

Hechos todos los trámites simplemente paseamos, charlamos, y conocimos más rincones de la ciudad, mercados de pieles… Llegamos a la.conclusion de que es una ciudad tremendamente silenciosa para la cantidad de gente que hay, y tan variopinta. Igual te puedes encontrar con el turista más típico con sandalias, calcetines, mochila y cámara en mano como a un mochilero cargado asombrado por la ciudad como por un lugareño que va con prisa al trabajo o a un artista pintor callejero que dibujar absorto en su mente rodeado de la multitud.

Y eso más o menos hicimos, nos sentamos después de caminar en la plaza de los Uffizi, simplemente fijándonos en la gente, los policías y los artistas callejeros. Charlando e intercambiando opiniones de la ciudad nos dio la hora de comer y regresamos al mismo lugar que anoche, lo que me obliga a hacer un paréntesis y un flashback de la noche anterior, de la cual no escribí porque decidí salir sin cámaras, tan solo como uno más.

Pues bien, buscamos lugar donde cenar tranquilos, callejeando en las calles menos conocidas y por ello, no menos transitadas. Recordé, y recordaré siempre, aquel restaurante en el cual pare después de un día sin parar de deambular por Florencia en mi último día en la ciudad antes de regresar a Roma. Recuerdo cruzar el puente Vecchio y quedarme dentro con los pelos de punta admirando la noche en el puente, con unos músicos españoles versionando canciones de Police en pleno puente. Antes de regresar a mi Hostel donde estaba hospedado callejeé por esquinas cercanas al río y en una calle paralela al Arno encontré la idílica de Luigi. El nombre se lo puse yo ya que este lugar era el cliché italiano por excelencia. Lugar pequeño, con mesas cuadradas decoradas con manteles a cuadros rojos y blancos de papel. El cocinero, Luigi, más ancho que alto con delantal y voz grave que hacía también las veces de camarero. Y aquí cene unos Spaguetti con Salmón más ricos y baratos de la historia, no se si por mi hambre feroz debido a mi caminada de kilómetros o simemente por el momento que estaba viviendo. Es el mejor restaurante de Italia en el que he estado y me hace recordar aquella noche tan mágica. 

Y ese mismo lugar iba buscando anoche. Cual fuera mi sorpresa que recordaba la calle y recordaba el lugar, Il Boccale. No esperaba encontrarlo con tanta facilidad, pero allí estábamos, sentados en el mismo lugar que me hizo tan feliz hace cuatro años y que ahora compartía con mi chica. Ahora entenderéis por qué hoy, quise regresar a comer, en nuestra última comida en Florencia.

Por la tarde fuimos al puente frente al Vecchio, a fotografiar el atardecer que le queda atrás, de tonos rosas y naranjas, pero hoy no fue la tarde, muchas nubes para apreciarlo, cosa que lleva ocurriendo desde que estamos aquí y nos vamos a ir sin poder captarlo. 

Así pues termina hoy el día en nuestro balcón con vistas a Florencia y al Duomo, cenando las sobras de la comida de hoy, charlando y riendo y disfrutando de nuestra mutua compañía porque aquí no acaba todo, mañana nos espera la carretera, esa que tanto me fascina.

Como os digo en cada post, si queréis ver más fotos del viaje podéis seguirme en Instagram cómo Joelmartinh o bien en mi página de Facebook como COMEKILOMETROS y para los vídeos de este viaje que pronto vendrán, no os podéis perder y suscribirnos a mi canal.

Hasta mañana amigos viajeros.

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