Italia Roadtrip. Día 7

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​El cansancio va pasando factura. No conseguimos descansar mucho hoy en el nuevo hotel y como suele ser habitual en los hoteles que incluyen desayuno, el café lo hacen personas que odian su trabajo. El peor café desde que llegamos.


Como lo tienemos tan cerca empezamos el día haciendo cola para entrar en la Galería de la Academia para ver la colección de instrumentos musicales de los siglos XVI y XVII y lo más importante, el David de Miguel Ángel. Es tan exacto en sus formas y volúmenes que parece que va a empezar a caminar. Es increíble que hace unos pocos siglos estuviera expuesto a la entrada del puente Vecchio.


Cuidado en cada detalle de arrugas de la piel, venas, musculatura, tendones, expresión de la cara… Es todo tan perfecto y bello que no podemos dejar de mirarlo sin más. Verlo es de obligado cumplimiento si vienes a Florencia y como cada galería o Palacio la entrada tiene coste, siempre entre 8 y 10€. En este caso 8€ pero puedes evitar colas de una hora aproximadamente de dos maneras, o bien esperando a última hora de la tarde o sino comprando la entrada por internet, lo cual evitarás esta cola e ingresarás en otra en la que no tendrás esperas pero tiene un coste de 4€ más. Nosotros fuimos a primera hora ya que como cojamos las entradas con acceso prioritario para cada lugar que vayamos nos quedaremos con el presupuesto tiritando.

Tras pasar largo tiempo admirando el David tocaba perdernos por las calles, seguir fotografíando la belleza de Florencia y más tarde comer en la Plaza de la Signoria. Aunque parezca mentira no es muy caro comer en lugar tan céntrico pero hoy pecamos de pardillos y confiados. Comer nos salió muy bien de precio pero tomamos las bebidas más caras de mi vida. Por un vaso mediano de refresco de grifo 6’50€. He tomado cubatas más baratos.

Tras la estocada final, no sin antes deshacernos del machete de la espalda cruzamos el puente, mi puente para pasar al otro lado del tío y entrar en el Palacio Pitti. Un gran Palacio con los jardines Boboli que pertenecieron a la familia Uffizi.

Pero antes nos fue imposible ir en línea recta. La colección de artistas, verdaderos artistas que pintan en la.calle y venden sus pinturas, carboncillos y acuarelas es infinita. La técnica no es un secreto para ellos y entre todos, algunos destacan por hacer algo diferente a los demás, con distintas técnicas, colores, o incluso motivos por los que dibujar.


Regresando a nuestro camino, el Palacio esta sobre recargado, con techos y paredes pintadas. Unos frescos que imitan una nueva decoración como si de un palacete se tratase, imitando a los museos Vaticanos y a la verdadera decoración de los palacios de la familia Medici. Son unas pinturas impresionantes. Estuvimos mirando a paredes y techos como locos embobados. 


Cuanto arte hay en esta ciudad. Luego en los jardines, tan inmensos como pueda ser el parque del Capricho madrileño, nos perdimos entre sus laberintos, fuentes y esculturas. Hecho para perderse de la.bulliciosa ciudad de entonces y entrar en la absoluta calma. Creo que es de las pocas zonas verdes de la ciudad. Además sus vistas desde lo más alto de los jardines en envidiable.


Terminamos el día en la Galería de los Uffici, en la mítica plaza a la que da su nombre. Hicimos honor a mi anterior consejo y entramos a última hora para evitar largas colas. Esta galería no solo merece la pena por ver pinturas de Caravaggio, Leonardo o el mítico Nacimiento de Venus de Boticelli, sino por las espectaculares instalaciones de este auténtico Palacio y por sus vistas que quitan el hipo y más de noche. Y más aún si esta lloviendo como nos ha ocurrido a nosotros. 
Desde sus ventanas pudimos ver el puente Vecchio desde una parte más alta, la silueta de Florencia con el Duomo casi en primer plano o sorprendernos con el reloj de la Piazza de la Signoria y su torre justo al lado. Solo por esto merece la pena entrar. Vistas como estas hay pocas en el mundo.

Y de hecho con estas vistas y caminando por las mojadas calles y en consecuencia, vacías, nos despedimos del día de hoy. Los edificios mojados hace que bajo la luz de la Luna y las farolas, brillen aún más. Esta ciudad tiene tantos matices… Puedes caminar entre tanta gente y siempre se mantiene un ruido moderado, como si estuviéramos en pleno Renacimiento andando entre sus edificios. Se que me repito pero no solo es la belleza florentina, es la atmósfera y el ambiente que ha conservado desde la edad media y hace que te ponga los pelos de punta cada vez que ves un rincón diferente o cada vez que te topas con el Duomo.


Mañana volverá a tocar seguir de caminata pero ya más relajados, viendo cosas más minimalistas y tomandonoslo con más calma pues ya hemos conocido gran parte de su mapa. El sábado tendremos que dejar Florencia, por desgracia, para coger otro tren, esta vez a Venecia.  Antes de esto, cogeremos un coche de alquiler para rutear por la Toscana en lugares tan idílicos como San Gimignano, Pisa o Siena, algo de lo que tenemos tremendas ganas.  Pero aún tenemos que introducirnos más en Florencia.

Hasta mañana amigos viajeros.

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