Italia Roadtrip. Día 4

Nos despertamos temprano, un desayuno no muy bueno, excepto el café, porque aquí es bueno vayas donde vayas, y cogimos el tren de Roma-Lido hacia Ostia Antica.

Llegamos tras una media hora de trayecto pero no fuimos directos a esta ciudad en ruinas, nos desviamos un poco hacia un pequeño castillo, el Castello di Giulio II. Es muy pequeñito, de pura edad media pero es fantástico. Entre sus muy pequeñas murallas se conservan casas italianas de toda la vida, llenas de plantas enredaderas, palmeras y cactus donde viven familias. 

Además una iglesia románica y banderas al más puro estilo medieval terminan de decorar esta villa tan especial. Todo está como a escala, muy acogedor. Es como un pequeño pueblo de cuento que inspira a cualquiera que pase por aquí. 

Ya sí entramos a las ruinas de Ostia Antica, donde pagamos una entrada sin audioguia por 8€/persona. Este es un lugar donde se respira historia casi viva. Fue una ciudad portuaria que creció hasta llegar a los 100.000 habitantes. Era una colonia de la propia Roma y desde aquí entraban los barcos llenos de mercancías. Llego un punto entre el siglo III y el II en el que el puerto se empezó a quedar pequeño y los cada vezas grandes barcos cargados hasta los topes no entraban en los cada vez más pequeños puertos. 

Esto hizo que Ostia Antica entrara en crisis y mucha gente emigrara en busca de un futuro más prometedor. Esto unido a una grave cepa de malaria dejó este paraje desértico. Quedando solo las casas, templos, teatros, suelos, empedrados y todo el arte. El paso del tiempo se encargó de conservarla de la mejor manera posible enterrándola en arena.

Un verdadero Museo viviente. Una parada obligatoria si visitas Roma. Lo que más me llamó la atención en su día fue que el propio museo es la ciudad en sí. Podemos andar por sus calles, perdernos entre las casas, mercados y templos. Callejear entre los empedrados o subir a lo más alto de algunos edificios y poder ver lo grande y bella que es. Termas decoradas con suelos y mosaicos increíbles. 

Mercados con estanterías y hornos, casas, vías, pozos, templos dedicados a dioses… Se respira historia y arte al mismo tiempo. Si así nos podemos hacer una gran idea de lo que fue Ostia Antica, una colonia del Imperio romano, como no sería la capital… Italia inspira por su historia y por su arte a partes iguales. 

Dimos una gran vuelta por toda esta ciudad, y cuando el calor más apretaba desandamos el camino hacia el hotel. Hoy comimos en la propia habitación para refugiarnos del calor del mediodía y lavarnos un poco. Comimos unos bocadillos típicos de uno de los puestos de la estación de Termini. Más que recomendables, sobre todo el de milanesa de pollo con lechuga y tomate y el de carpaccio y queso gorgonzolla. No son un bocata cualquiera. Muy Buenos.

La única nota negativa de nuestra estancia seguramente sea el hotel. Mira que yo les pido poco, con un baño y cama limpios me conformo, pero estamos teniendo mucha paciencia ya. La información del hotel afirmaba que la habitación tenía secador y que las toallas y sábanas se cambian cada 3 noches, pero nada de eso lo están haciendo. Si además le sumamos que hoy no ha funcionado el agua caliente de la ducha y que la come wifi es tan lenta e intermitente que es mejor no tener nada, hace que me replantee que sacamos un buen precio por este hotel.


Ahora saldremos a pasear por el centro, tomar algún helado nuevo y disfrutar de esta ciudad de noche. Cualquier ciudad brilla más de noche pero Roma en concreto parece revivir todos esos espíritus ancestrales que hacen que la historia no se vaya, que hacen que te sumerjas con ellos y de verdad vivas la ciudad y no solo la veas.


Es una ciudad completamente distinta, su ambiente te embriaga, su temperatura es más agradable y podemos escuchar a los músicos por las calles mientras la iluminación de toda la ciudad resalta todos los detalles de los capiteles, columnas, esculturas y ruinas de todas las calles. De nuevo, una noche más, nos perdimos entre los callejones descubriendo edificios nuevos, pequeños rincones que solo podemos encontrar aquí, porque no hay nada parecido a Roma. Callejeando pues encontramos un restaurante de estilo más moderno, con un gran gusto por la decoración y de precios populares. 


Entramos sin dudar al Salí & Tabacchi y tuvimos una cena espectacular, puede ser uno de los mejores restaurantes de Roma por los que he pasado. Un trato exquisito y una comida muy buena, amplia carta y abundante cantidad a un precio barato comparándolo con cualquier sitio. Además, para aderezar probé una cerveza que no tengo en mi coleccion,  Menabrea e Figli, y tengo que decir que es ahora una de mis cervezas favoritas.

Mañana será el último día aquí, el lunes partimos en tren hacia Florencia. Aquí estoy encantado pero no os voy a engañar, Firenze es especial para mí, el síndrome Stendhal esta presente en cada esquina y es como andar en la edad media todo el rato, es sin lugar a dudas mi lugar favorito en el mundo y estoy deseando llegar ya.

Aprovecharemos el último día en Roma para ver lo que nos hemos ido dejando el camino y sobre todo para hacer una visita a unos lugares que hace cuatro años me quedé sin conocer, las catacumbas romanas, que en la actualidad hay más de 100 censadas pero solo 5 abiertas al público.

Como siempre os digo, si queréis ver las mejores fotos del día me podéis seguir en Instagram cómo Joelmartinh o en mi página de Facebook comekilometros.

Me despido hasta mañana, amigos viajeros.

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