Viaje a Budapest. Día 3

Anoche terminamos realmente cansados, por lo que os escribo el diario de ayer durante el desayuno De hoy.

Salimos tarde, el cansancio se va acumulando. Ha sido un día extraño, por la mañana nos quedó un mal sabor de boca pues no medimos bien las distancias y no nos dio tiempo a conocer todo lo que teníamos en mente. Todo esto empeoró con las altas temperaturas. Algo que no conté es que hay una gran humedad en Budapest que se nota nada más llegar y es que además hoy han subido las temperaturas unos cuatro grados, nos colocamos en unas máximas de 38 grados.

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Empecemos por partes, bajamos a la calle contigua a nuestro hotel a visitar las dos sinagogas que tenemos aquí al lado. La primera, Sász Chevra, bastante pequeña y nada del otro mundo y donde además cobran entrada por visitarla por dentro y la más espectacular, Doháni utcai, preciosa por fuera y con unos patios que se pueden observar desde el otro lado donde vemos un pequeño cementerio judío, con muchos niños de menos de un año muertos entre 1944 y 1945. La entrada superaba los 10€ y había que esperar una gran cola al sol, por lo que optamos por continuar y dejar la visita de su interior para otro día si nos sobra tiempo.

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Continuamos hacia el suroeste, muy cerca del río para ver el mercado central Központi Vásárcsarnok. Un lugar enorme y bien ordenado con dos plantas. La de abajo con puestos como los de cualquier mercado de nuestro país, con productos típicos a muy buen precio.

Un olor increíble y no muy fuerte a todo lo que venden, que además no se diferencia mucho a nuestros productos: embutidos, carnes, salazones, conservas, verduras y frutas entre muchos otros, como la venta de zumos naturales y fruta fresca, muy consumidos aquí.
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En la planta superior puestos algo más cutres, con pasillos mucho más estrechos, llenos de souvenirs y bordados y sombreros típicos. Lo cierto es que me sorprende ver muy pocos cubos de rubik al ser originario de Hungría.  En los pasillos laterales, mi zona preferida, puestos de comida, muy estrechos, con todo lo más típico,  asados, guisos entre otros, que da ganas de probar todo.

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Llegamos hasta el Danubio más tarde y paseamos por el puente que accede a las Termas Gellert y desde donde se divisa toda la ciudad serpenteando junto al río.

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Aquí nos dimos la vuelta pues era hora de comer y el calor era sofocante, demasiado como para continuar hasta el bastión de los pescadores. Otro tema era la escasez de restaurantes en el lado de Buda.

Comimos en la calle Váci, paralela al Danubio y una de las más turísticas.  No obstante se puede comer bien y hay gran variedad. De hecho nosotros comimos en Magiar Ízek Magyar Háza. Lugar con una carta amplísima, desde comida casera húngara hasta pastas, pizzas o una especie de platos combinados. Comimos más que bien. Decidí ya que había probado el Gulash ayer mismo, pedir otro de los platos típicos,  guiso de magro con patatas pocha das con cebolla y ajo y una limonada de granada. Muy típicas las bebidas de aguas de sabores, aunque siempre con muy poco hielo para mi gusto, pero todo de rechupete.

Fue entonces cuando vimos que la comida es más cara en términos generales que lo que habíamos visto en otras guías y blogs. Sí es cierto que resulta más barata y en más cantidad que en Madrid, por ejemplo, pero no tanto como nos habían contado. Eso sí, siguen existiendo lugares en nuestro barrio judío,  con comida de aquí a muy buen precio, pero sólo por esta zona.

De hecho este barrio es el que más ambiente tiene de toda la capital. Podríamos decir que hay dos Budapest, el interior de Pest, muy descuidado, dejado. Lleno de fiesta y gente joven y alcohol por doquier, eso sin lugar a dudas. Se junta la suciedad y dejadez con los bares y zonas en ruinas realizadas adrede como los propios bares en ruinas, los cuales visitamos anoche.

Luego estaría la parte más cercana al Danubio de Pest y la zona de Buda. Mucho más cuidada y sin tanta gente viviendo en la calle y donde los precios suben. Eso sí, en nos lugares es imposible cruzar. No hay pasos de peatones en las esquinas de los cruces como estamos acostumbrados, nos tenemos que ir a unos cuantos cientos de metros para poder cruzar, algo que me pareció curioso.

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Ahora tocaba irnos al hotel, ducharnos porque el calor hizo sus estragos y salir tan solo con lo puesto hacía las termas del hotel Gellert. Salimos con casi ninguna pertenencia porque ya nos advirtieron de los robos que se efectúan en estos lugares pero si hay que decir que en estos baños en concreto esta todo muy bien en cuanto seguridad, por lo que si venís no tendréis problemas.
Decidimos coger el transporte público a partir de ese momento ya que nos hemos pateado casi toda la ciudad y poco nos queda que ver andando de un sitio para otro. Así pues las distancias largas las haremos en bus o tranvía. Nos está saliendo muy barato movernos asi, nos hemos empapado de la gente húngara y vemos que nadie válida sus tickets a la entrada de los autobuses, por lo que nosotros hacemos lo mismo. No ocurre lo mismo en tranvía o metro, donde hay revisores a la entrada.

Llegamos en unos 10 minutos a las Termas.  No tengo ni fotografías ni videos de todo esto porque en todos los lugares que miré afirmaban que no se podían realizar fotografías.  Una vez allí,  algo lioso para saber que tipo de entradas coger, vimos que está completamente permitido e incluso venden fundas acuáticas para móviles y cámaras. Cogimos una cabina donde cambiarnos de ropa y dejar nuestras pertenencias. Esto es algo más caro, unos 2€ más pero ganas en comodidad. Todo esto funciona con pulseras electrónicas y sólo el usuario de dicha pulsera puede acceder a las cabinas, como veis, nos pudimos quedar tranquilos. Una vez aquí, el paraíso para todo aquel amante del agua. Hay 5 piscinas y una sauna, cada una con un tipo de agua y temperatura distintas. Como curiosidad las que se encuentras dentro del hotel a cubierto, una piscina enorme de agua fría con chorros y la contigua de agua caliente a 36 grados que varía en función de como venga el agua termal de humor ese día. En la zona exterior una piscina de agua fría que cada equis tiempo realizan olas y es la ar de divertido y la última,  mi preferida, agua templada donde nos relajamos cosa mala. Luego al lado una piscina pequeña de agua congelada y la sauna.

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Salimos a cenar cuatro horas más tarde por el barrio judío. Fue un poco odisea. Todos los lugares pequeños y hasta la bola. Nos intentamos perder y encontramos el mejor lugar de todos. Un patio a la americana, bueno también muy al estilo de Budapest. El lugar es un recinto al aire libre con puestos de caravanas de comidas típicas, tailandesas, italianas… y todo con mesas de madera en plan picnic y muy económico.  Se cena muy bien con un buen te genial, nos vamos empapando ya de todo.

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Y al lado de la Karavan Street Food nos encontramos con el bar en ruinas más famoso y grande, Szimpla ruin pub. Lleno de turistas extranjeros, seguridad, dos plantas y la anarquía por decoración. El lugar con más personalidad que he visto. Allí nos quedamos charlando entre la multitud de miles de personas con una pinta de cerveza.

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Mañana, bueno, hoy, más y mejor. Y si queréis ver por donde vamos pasando u viendo en tiempo real, seguidme en Swarm.

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