Viaje a Budapest. Día 1

Hace tiempo, y mucho, desde que no escribo nada. De nuevo las obligaciones se han interpuesto entre este blog y yo, muy a mi pesar.

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Sin embargo he podido, como siempre que puedo, escaparme y hacer más kilómetros. Esta cogí un avión junto a mi pareja para conocer y vivir la perla del Danubio en ocho intensos días.

Así pues bien acompañado por mi chica y el viajero Moe (muchos que me seguís por redes sociales sabéis que es el playmobil motero viajero que me llevo a todos mis viajes y salidas con el que publico un pequeño blog diario en fotografías) nos condujimos por la mañana temprano hacia la T1 de Barajas para coger el vuelo de Ryanair rumbo a Hungría.

Nada más entrar en el control de seguridad ya la tuvimos con los hombres de seguridad, pero es un tema bastante extenso que quiero tratar después de los blog de este viaje. 

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Aterrizamos y tardamos cerca de tres horas del aeropuerto al centro de la ciudad con pérdida incluida, no podía faltar perdernos en uno de mis viajes. La razón es tan sencilla como estúpida. Fuimos buscando nuestra calle, situada en el barrio judío, que se llamaba igual que en la que acabamos, a más de 15 minutos andando al sol y cargados con nuestras mochila y maletas. Resulta que la palabra Nagy no es ningún nombre, sino el adjetivo “gran” por lo que muchas de las calles contienen ese nombre y no dimos con ello hasta que nos dimos cuenta que estábamos en la calle errónea.

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Después de comer fuimos en buscamos como una flecha el Danubio, muy cerquita de nuestro hotel, el King Hotel el cual me es grato recomendar. No tiene nungún lujo pero es céntrico, confortable, con desayuno y barato en comparación con el resto de la zona. Andamos un buen rato por la orilla del río hasta llegar al puente de las cadenas, cerca del congreso.
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Tan solo una pequeña exploración relajada como toma de contacto pero no sin pasar por Budapest Eye, la noria desde la que se contempla la ciudad desde lo más alto.

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Vimos el atardecer desde Pest, la zona este de la ciudad y nos dimos la vuelta perdiéndonos y callejeando, que fue como encontramos una zona con personalidad propia desde la calle Király. Una zona de patios comunicados entre sí con pubs y restaurantes, adornados con gente de todo el mundo y cientos de farollios llamada Spiler Bistropub. Aquí vimos una tradición muy peculiar para nosotros, una forma de beber el vino. Botellas de vino rosado, muy claro, casi blanco, con agua mineral muy fría. Algunos lo mezclan y otros beben ambos intercalando los sorbos. Tendremos que probarlo para integrarnos con las gentes del lugar.

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Mañana, ya descansados, veremos qué nos deparará el día, pues hay mucho que ver en estos ocho días que no nos queremos perder, como los pubs en ruinas, los barcos del Danubio, el congreso, castillos varios, el bastión de los pescadores, las decenas de termas, monumentos, museos del holocausto… 

Al final del viaje publicaré un vlog en el canal de youtube a modo de video diario o documental, como suelo hacer.

Mañana más y mejor y si queréis conocer todos los lugares por donde pasamos… seguidme en Swarm!

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. WILDER dice:

    Felicidades por el viaje gran amigo y que lo disfrutes al máximo mientras se pueda hay que aprovechar el tiempo.y si te das viajecitos cortos en moto lo cuentas es espectacular otras sensaciones.

    1. Joel Martín dice:

      Muchas gracias! 😀 Es un lujo leer tu comentario

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