Viajando a Italia con lo puesto (2ª parte)

Tras pasar algunas semanas en Roma decidí que era hora de visitar más ciudades de Italia. Cuando hice el descanso

Comekilometros logopertinente me dispuse a comprar el billete, solo de ida, hacia Florencia. Creo recordar que el trayecto duraba cerca de tres horas y que el billete costaba al rededor de los 70€. Una vez allí hubiera pagado todo lo que me hubieran pedido.

Recuerdo cómo tuve que esperar unas dos horas mi tren desde que cogiera el billete en las máquinas de la misma estación. Los paneles informativos en los que indicaban el destino, número de andén  y horario eran un tanto confusos y hasta minutos antes que saliera, llegué por los pelos a la última vía, al fondo de la estación, desde donde saldría mi tren destino Santa María Novella, Firenze.

Cuando llegué la ciudad me decepcionó un poco ya que toda la zona de la estación es una ciudad como otra cualquiera de la periferia madrileña. Aún así estaba exultante, feliz y ansioso por llegar ya a la ciudad.

El Hostel estaba al norte, algo retirado del centro pero mucho más cerca que mi hospedaje romano, entre otras cosas porque esta es una ciudad mucho más pequeña.

Me instalé en el hostel un tanto lúgubre, dejé la mochila con la ropa y el neceser, cogí mi cámara y por fin me lancé a que la ciudad me absorbiera.

Era hora de comer y decidí caminar un poco y comer en el primer sitio que encontrara. Antes de comer localicé el palacio de los Medici, al lado el museo de Leonardo DaVinci. Era el mejor momento para parar a comer y luego visitar el inteiror del museo y el palacio. Nunca me impresionó un edificio tanto por dentro como el de los Medici. En especial esa sala forrada con marcos dorados y espejos, espectacular como cada habitación, cada detalle. La cantidad de dinero y arte que tuvo en su día Florencia. Una de las cunas del arte, sin lugar a dudas. Continué andando hacia el casco más histórico. La misma2012-07-20 12.14.11-1 impresión que tuve al toparme con la Fontana di Trevi en Roma, pero multiplicada por diez tuve al encontrar al salir de una calle estrecha y entrar a la plaza donde se encuentra el Duomo. Esos colores blanco nacarado, verde y dorado de los ribetes… la majestuosidad de la cúpula de piedra más antigual del mundo y las increíbles proporciones de todo el edificio. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Hice mil fotografías y tomando un “gelatto” di la vuelta al Duomo como unas cinco veces. Continué andando hasta la plaza donde se encuentra el falso David de Miguel Angel, una copia realizada por estudiantes de academias de arte y que está expuesta en plena calle junto a otras esculturas debajo del campanario. Al lado, el Palazzo de los Uffizi, ahora galería donde se encuentra la, entre otras obras, El Nacimiento de Venus de Boticelli. Un palacio integrado en una plaza sin apenas luz, sin embargo una plaza preciosa y un palacio de tonos ocres y negros. Quise entrar en la galería pero debido a la época tan turística en la que fui la cola de gente era inmensa y decidí aprovechar mi tiempo en conocer mejor la ciudad.

Según salía de esta plaza, el río Arno se cruzaba en mi camino y a mi derecha… el histórico y grandilocuente Ponte Vecchio. Es a menudo oído que la sensación de multitud de viajeros que pasan por el puente es de escalofríos y sensaciones increíbles, como si el puente te sobrecogiera de pies a cabeza. Como si el propio puente 2012-07-19 21.03.40hablara de tanta historia por la que ha pasado por sus adoquines. Llegué atardeciendo donde la puesta de sol es magnífica. Estuve haciendo fotografías nocturnas como suele ser habitual en mi y con la fortuna de haber visto de un grupo español recreando versiones de Police. Mucho más embriagador si cabe. Me podría haber pasado las horas muertas recorriendo el Ponte Vecchio, imaginando cómo los antiguos comerciantes de mediados de 1400 vendían el pescado recién pescado que había llegado. Cómo los Templarios trapicheaban, cómo ilustres como Miguel Ángel o DaVinci paseaban por el puente y cómo cambiaron las pescaderías por joyerías debido al fuerte olor.

Ya con la noche completamente entrada busqué algún restaurante típico italiano entre los callejones y así encontré la Trattoria Totto, un típico restaurante italliano con manteles de cuadros blancos y rojos y un cocinero gordo que hacía las veces de camarero. Recuerdo haberme comido unos tagliatelle con salmón y salsa de queso. Era un plato tremendamente grande pero llevaba tantos kilómetros recorridos a pie que estaba famélico. Dos litros de agua y un plato de pasta para abastecer a tres personas me fui pagando poco más de cinco euros.

Cuando llegué al hostel descubrí cómo el somier de mi cama, de Ikea por cierto, estaba partido por la mitad. Un lugar tan barato donde dormir con baño individual además debía tener algún inconveniente. A la mañana siguiente me dispuse a conocer el resto de Florencia pero mi objetivo principal era ver el David de Miguel Ángel. Como hasta la tarde no abrían ya que era el único día de la semana en el que la galería era gratis, me fui al otro extremo, al Palacio de los Pitti, cruzando el Ponte Vecchio y situado fuera de lo que antes eran las murallas florentinas. Nada más llegar de nuevo una plaza enorme y la grandilocuencia de otro palacio enorme, solo que este más grande aún. La entrada me costó unos 6 u 8€. Con la entrada me dieron un mapa de los jardines. Con esto ya nos hacemos a la idea de cómo de grande es por dentro el palacio y sus jardines a modo de laberinto. Unas vistas de toda Florencia por encima del monte contemplé unos minutos. La familia Pitti, una de las más ricas de la época en Italia.

Por la tarde comí un bocadillo y me fui a la galería donde se encuentra el David. Una gran cola para entrar pero no esperé demasiado. Tan solo la entrada ya me llamó la2012-07-19 17.53.07 atención ya que parece la puerta a una sencilla tienda cualquiera. Choca que una de las obras de arte más importantes de la historia de la humanidad esté ahí dentro. La galería, donde estudian y exponen estudiantes de arte, no tiene mucho interés salvo por el David. Fui directo a él, y cómo no la impresión de salir de una sala y entrar en otra y encontrarse con tal escultura de tantos metros de alto. Bajo la cúpula, la luz cenital baña el David dejando ver cada detalle del mismo. Con los medios que tenían es impresionante observar cada detalle, cada músculo, poros de la piel, estrías de las uñas… y todo eso tallado en mármol… Está prohibido hacer fotografías y guardas de oficio y de paisano custodian el monumento y dibujantes sentados en los bancos trazando en sus cuadernos las líneas perfectas que dejó a la humanidad el mismo Miguel Ángel.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Ana Belen Infiesta dice:

    Maravilloso

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