Expedición Aldeas Olvidadas (Reportaje completo)

 

 

DSC_3656“Se vende una idílica Aldea Asturiana, ubicada en el Concejo de Piloña, en zona de Picos de Europa, muy próxima a la Costa Cantábrica. Está bien comunicada por carretera,  la mayoría de las edificaciones están perfectamente rehabilitadas y dedicadas a la actividad de Turismo Rural, la cual se viene realizando desde el año 1997 de forma muy positiva y sorteando la crisis.”

Esto es uno de los múltiples textos que te puedes encontrar buscando información sobre aldeas perdidas. Las inmobiliarias sedientas de dinero se han lanzado a la venta y rehabilitación de aldeas que han sido abandonadas debido al éxodo rural y en muchas ocasiones debido a la evolución del mundo urbano y por el contrario la involución de estas aldeas y esto juntado con los pésimos accesos terminaron por quedar como si de un pueblo fantasma se tratara.

En Asturias hay 672 aldeas abandonadas y cada vez son más quienes se animan a comprarlas.

Asturias lidera, junto a Galicia, el ranking de pueblos abandonados. Tanto es así que Asturias es la provincia que más aldeas sin habitantes tiene en todo el país. Sus casas se han quedado sin inquilinos. Los vecinos que antes las ocupaban se han trasladado a las capitales comarcales y áreas metropolitanas o han fallecido.

Hace unos años, el perfil del comprador de pueblos era el de un empresario nacional con interés por emprender un establecimiento turístico. Suponían hasta el 80% de sus demandantes. Pero hoy en día, con el actual exceso de oferta de alojamientos rurales, el perfil del comprador ha cambiado un poco. Solo el 35% de los nuevos propietarios buscan entrar a competir en el mercado de las casas de aldea. Se ha pasado de un comprador nacional a uno extranjero. “Entre un 50 y un 55 por ciento de los compradores son de fuera que buscan un lugar para uso particular”.

Sin embargo, mi primera parada iba a ser muy diferente. Partía de Madrid rumbo a la parte más nororiental asturiana, a Colombres. Decidí no coger autovía y dicho y hecho, fui por nacionales y secundarias pasando por Segovia, Valladolid y Palencia hasta recorrerme por secundarias y comarcales Asturias de sur a norte cruzando los Picos de Europa.DSC_3632

Haría noche en el camping de Colombres. Gente la mar de simpática y amable, de hecho me dieron la mejor parcela disponible. Por 12€ podrás pasar la noche cómodamente con unas vistas a la sierra espectaculares y unas praderas inmensas. Además los baños son tan limpios y confortables como los puedan ser los de un hotel, sin lugar a dudas. Eso sí, os tendréis que ir a comer o desayunar al pueblo o alrededores ya que en temporada baja lo mantienen cerrado.

Una vez instalado fui en busca de información. En el primer lugar donde lo hice fue el mejor sitio donde pude haberla buscado, en el propio camping. Resultó que el cuñado del dueño es conocido por ser gran conocedor de la zona y sus secretos. Este mismo fue el que me dijo que en esta parte oriental por donde estaba comenzando mi aventura no había aldeas abandonadas debido al auge turístico de la costa y los Picos de Europa, pero que a no muchos kilómetros de aquí, por la zona de Cangas, una zona más montañosa y la zona de Somiedo, más castigada por la minería, sí que se había oído hablar de ello.

Busto VelaTras peinar un poco la zona para conocerla mejor y seguir recabando información me dirigí a Cangas de Onís, conocido por su gran puente romano. En su famoso restaurante paré para refrescar el gaznate con una rica sidra. Allí probé suerte y pregunté al camarero que al menos, parecía más experimentado y de más edad. Efectivamente volví a dar en el clavo. Mi primera aldea olvidada se llama Busto Vela, al norte de donde estaba. Sus indicaciones fueron algo vagas pero sí que eran correctas en cuanto a la dirección. Volví a subirme a la moto dirección Panes y en el siguiente pueblecito enano, Corao volví a parar. Allí pregunté por Busto Vela. El primer susto. La mujer que regentaba el bar y su hija me miraron y acto y seguido dirigieron su vista a mi moto.

-¿Con esa moto vas allá?

Esa fue la pregunta que me dieron por respuesta, con su consiguiente cara de susto. Me vieron tan decidido que me dieron indicaciones. Desde luego no estaba fácil llegar. Debía2014-05-16 13.59seguir la carretera dirección Llenín, otro pueblo más pequeño si cabe. Una lástima no haber podido parar para contemplar y fotografiar el lugar donde no creo que vivieran más de 20 personas. Pasado este pueblo la carretera, o camino comarcal se bifurcaría entre los pueblos de Tárano y Cuerres. Ellas me indicaron seguir hacia Cuerres y una vez se terminaba el pueblo ya no había nada más, solo el monte y dos caminos forestales. Uno de ellos me dirigiría a Busto Vela. Antiguamente, como ahora una vez en Madrid puedo ver en el mapa, tenía otro acceso desde Igena pero in situ desde luego ese camino ya no existe y solo es posible acceder desde Cuerres.

El camino empezaba pedregoso pero sin complicaciones, solo teniendo cuidado para no meter ninguna rueda en los considerables barrancos. A medio camino, como a un kilómetro se empezó a empeorar la cosa y me acordaba dentro de mi casco de las historias que me contaron los paisanos cercanos que el Gobierno asturiano había invertido en la conservación y mejora del acceso a Busto Vela para que los nuevos habitantes de la aldea pudieran transitar mejor y así atraer de nuevo a la población. Y yo no podía dejar de preguntarme cómo estaría antes el camino. Llegados a este punto me crucé con dos de los aldeanos que iban a pie y me aconsejaron no bajar la pendiente que estaba a punto de hacer. No la vi tan empinada y me lancé, maldita la hora por cierto. Una bajada de cómo 800m y más del 15% de inclinación con piedras enormes en el camino, los surcos de las ruedas de los todoterreno de más de una cuarta de profundidad y arena suelta. Aún no se cómo bajé sin darme un buen golpe, por no decir nada peor. Una cuesta en la que los frenos son inservibles ya que aún frenando me deslizaba como si por hiel estuviera conduciendo.

Llegado al final paré la moto como pude y respiré. Estaba ya en Busto Vela y aquí todas las estadísticas que he comentado antes se vienen al traste. Poco más de 10 habitantes que 2014-05-16 dd13.59llevan reconstruyendo la aldea desde hace cuatro años y que estuvo abandonada durante veinte. Todos rondando los 30 y 40 años de varios lugares como Burgos o Canarias, que han querido y deseado cambiar su modo de vida drásticamente. Cultivan su propia comida, talan leña de árboles podridos, viejos o inservibles para calentarse y disfrutan de la naturaleza en este bello paraje. Contado así puede parecer idílico, cambiar el estrés de las grandes ciudades y olvidarse de los problemas como el paro, o la crisis pero hay que tener en cuenta que no tienen corriente eléctrica ni agua corriente, toda la tienen que coger del arroyo o el río que pasa cerca. Tan solo unos paneles solares instalados por ellos mismos les ayudan en el día a día.

En otras aldeas, con mejores accesos eso sí,  los ayuntamientos correspondientes pagan un sueldo a quien se muda a estas aldeas y las revive. Pero no es el caso de estas personas. Solo hablé con las tres únicas personas que andaban por allí realizando sus labores. Ellos mismos que llevan allá abajo viviendo varios años siguen encantados con su decisión pero saben que no pueden reavivar Busto Vela. No hay medios ni espacio para hacer una buena carretera para que puedan acceder servicios tan básicos como camiones o furgonetas de reparto con víveres, ambulancias o similares. Pero tampoco quieren, precisamente lo que buscaban era una vida tranquila alejada de la ciudad.

Me marché dando las gracias a esta hospitalaria gente que muy amablemente me ofreció ayuda para subir el camino pero que rechacé muy cordialmente. La subida fue bastante complicada pero con menos sustos que la bajada. Ya me iba a dirigir a la siguiente zona, a la pola de Somiedo, al sur de Oviedo.

Tras comer en la calle peatonal paralela a la principal de Cangas de Onís, la cual recomiendo para comer bien, bonito y barato me dirigí a Mieres, ciudad al norte de Somiedo por carreteras muy secundarias con la esperanza de conocer nuevos lugares, paisajes y con suerte, alguna aldea olvidada. No tuve suerte, a partir de aquí el día empeoró bastante. A demás de estar durante más de 200km por carreteras bastante malas son socavones y arcilla en los trazados, cosa que me atrasó mucho, no me encontré ninguna gasolinera en todoDSC_3644este tramo. Es lo que tiene este tipo de carreteras. Conducción de la que no me gusta, conducción eficiente para intentar que medio depósito me diera para recorrer estos 250km… lo pasé mal, no había ni cobertura ni tan siquiera pueblos. Pero al final, con la consiguiente tensión, logré llegar a una gasolinera donde llenar el tanque de gasolina de 98 octanos. Haber salido tarde de Busto Vela, descansar tras la comida y este tramo hizo que llegara a las 22h a Mieres. Ya no me daba tiempo a llegar a mi siguiente campamento base, con lo cual busqué en el móvil,  también tiritando de batería, campings cercanos. Me indicó uno a 20km por lo que me dirigí allí. Cuál fuera mi sorpresa cuando a llegar allí, no había ningún camping ni remotamente cerca. El día empeoraba aún más. Cansado, con el frío metido en el cuerpo y el cabreo por llegar tan tarde y no tener ningún sitio para dormir paré en un bar para tomar algo y respirar y ya de paso preguntar por algún hostal barato y cómodo, aunque sean términos opuestos. Como suele ser habitual di con la gente idónea. Gente amable la del bar que hasta me llevó al hostal Pachín. Por 25€/noche me dieron cama y baño particular y un techo donde refugiar mi moto. Estaba tan cansado que ni saqué el mapa de mis alforjas. Caí redondo en la cama, bastante cómoda aunque lúgubre. A la mañana siguiente, habiendo madrugado para recuperar el tiempo perdido me di una ducha confortable y desayunando, miré mis próximos destinos. Desayunos por cierto que no logré ninguno aceptable durante mi viaje.

Tenía una comisaría al lado del hostal en la que preguntar por las aldeas abandonadas de la zona. Información previa que tenía afirmaba que en el concejo de Mieres y Somiedo se congregaban el mayor número de aldeas abandonadas de Asturias. Efectivamente me comentaron amablemente que era así pero que las cosas habían mejorado y cambiado mucho. Muchas ya están ya habitadas y rehabilitadas y otras son inaccesibles ni tan siquiera a pie.

Me dirigí lógicamente a las deshabitadas y ahora con más recelo de los caminos. En las dos que encontré al sur de Mieres, a medio camino de aquí y la pola de Somiedo paré la moto en la entrada del camino y me lancé a conocerlas andando. En ambas no se veía el final del camino y sí se veía muchos tramos en los que hay que escalar pequeños montículos. Seguí adelante pero como seguía sin ver el final y no tenía todo el tiempo del mundo para poder ir sin miedo decidí dar este tercer día y penúltimo de expedición por fracasado e intentarlo ya en Galicia, ya que en este mismo día me daba tiempo a llegar y asentarme para recobrar la calma y la confianza.

DSC_3670Así lo hice y cogiendo autovía para llegar a tiempo logré arribar a la hora de la comida a Ribadeo, donde encontré, antes de llegar a Barreiros, donde pasaría la noche, Illa Pancha, una aldea costera de la que solo se conserva un antiguo faro que ya no funciona y uno de nueva construcción que sí está en uso. Las casas se retrasaron unos cuantos metros atrás y pertenecen a una urbanización del propio Ribadeo.

Un lugar de mucho viendo, razón quizás por la que ya no queda nadie allí, y tremendamente bonito, con acceso a la playa. No me detuve más tiempo del necesario y llegué a Barreiros donde planté mi campamento base en el Camping A Nosa Casa. Mucho más básico que el de Colombres, con baños bastante descuidados y bastante más caro. Por 19€ podrás pasar la noche pero al menos tienes acceso a corriente eléctrica. Una nota negativa más es que tienen bar pero no te darán nada de comer ni desayunar excepto café. Sí tiene notas positivas, que son los propietarios, un padre y sus hijos. Con ellos me sentí como en casa y me dieron todas las facilidades del mundo. Como el hambre ya hacía de las suyas me recomendaron un restaurante a escasos metros del camping que de hecho se puede ir caminando. Por 12€ te meterás entre pecho y espalda un menú con dos platos que no podrás terminar (De hecho lo que me sobró me lo pusieron en tuppers para cenar) con una botella de albariño, postre y café. Un servicio algo lento pero con una cocina excelente. También me contaron después que hacen comida para llevar. Aquí repuse fuerzas y cogí la moto en busca de las aldeas buscando información. Me pasé la tarde recopilando información y me contaron que por esta zona de costa no encontraría nada, me tendría que ir hacia el interior, hacia Trabada.DSC_3690 Y así haría a la mañana siguiente, pero aprovecharía este atardecer para bajar a la playa. Más sorpresas y todas buenas me esperaba en este gran día. Encontré no una aldea olvidada sino una playa y una cala enteras, las cuales están dejadas de las manos de dios. Según salí de la zona de playas de Barreiros continué hasta que los caminos se terminaban y una vez se terminaron quedaban un par de casas y un acceso de arena de playa que luego conduciría a una explanada de hierba y un acantilado. Una zona preciosa donde estar tranquilamente. Aquí vi atardecer durante una hora y solo los mosquitos, gaviotas y mi KTM me hicieron compañía. Más abajo, una playa desértica debido a que lanzaron todos los escombros y piedras de haber hecho la carretera y las aceras de Barreiros. Limpia pero llena de piedras, muy poco aconsejable para ir descalzo donde termina el vídeo de esta expedición donde tampoco te encontrarás con nadie.

DSC_3696A la mañana siguiente monté de nuevo todos los aparejos en la moto y salí dirección Vilanova por la nacional y de ahí por las secundarias hasta Trabada. Otras casualidades del destino que hiciera que me perdiera . Aparecí por una red de carreteras comarcales my parecida a un laberinto con más curvas que un gran premio de velocidad. Allí me paré al ver un cartel que me indicaba que estaba en el valle del río Eo, una zona la cual me contaron que también se congregaba alguna que otra aldea que está abandonada o en vías de ello. Y cuánta razón tenían. Me recorrí todo el trazado que va paralelo al río. Allí me encontré aldea trasDSC_3709 aldea con no más de tres casas, muchas abandonadas, sin nombre y otras con tan solo un par de familias. Algo lógico ya que los accesos están asfaltados, aunque deteriorados, pero sin mayores problemas. Cómo me hubiera gustado parar en todos para recoger historias y fotografías. En la única que me pude parar, aldea sin nombre, me dio el alto una mujer. Al parecer vivían allí tres familias que tienen un par de reses y un pequeño huerto. Esta misma mujer ni tiene coche para desplazarse porque según me dijo ni tan siquiera le hacía falta. Ella morirá allí, sus hijos se fueron y muy posiblemente serán las últimas personas que habiten esta aldea del valle.

Paré a descansar y beber agua del río. Mi expedición había terminado, pero solo por ahora. Esta zona merece la pena peinarla por completo, pero es algo que en un solo día no se Valle del Eopuede hacer.

Me vuelvo a Madrid cansado pero contento, muy feliz y con la sensación de haber hecho un buen viaje explorando lugares perdidos y paisajes recónditos. No hace falta ir fuera de España para vivir experiencias exóticas y conocer lugares tan perdidos como estos.

 

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. macalayus dice:

    Me resulta ameno e interesante al igual que el documental,gacias a tu información resulta menos complicado llegar a esas aldeas.Gran trabajo.

  2. Fran GTS dice:

    Hola Joel, desde luego valor no te falta… aventurarte así por esos mundos acompañado solo de tu Katty no es ninguna broma. Puedes volcar, perderte, o que se te eche la noche encima sin saber donde estás… El reportaje me ha recordado que no hace falta ser Miquel Silvestre para vivir gratas experiencias. Un saludo.

    1. Joel Martin dice:

      Muchas gracias tío. Es un gustazo que os guste tanto y recibir comentarios como el tuyo, Fran. Y apoyo eso que dices, “No hace falta ser Miquel Silvestre (ni cia) para vivir estas experiencias” O como dice un buen amigo, Jorge Zanoletty que está ahora con su ruta 8000, que no hace falta dar la vuelta al mundo para vivir experiencias exóticas.
      Un abrazo!

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