TRAILER Italia Roadtrip

Ya lo tenemos aquí. Después de clasificar más de 900 clips de vídeo y otras tantas centenas de fotos, ya pude editar y mostraros un pequeño aperitivo de los vídeos que vendrán.

El trailer del viaje, la parte más gráfica y personal de mis viajes. Espero que lo disfrutéis y os entren más ganas de ver la serie completa que sigo preparando. Todos los lugares en los que estuvimos en nuestro roadtrip y que muchos seguisteis día a día en mi diario de este blog.

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Italia Roadtrip. Día 12. Final de la historia

​ Último día y ultima noche en este tremendo País.

 Ya nos despedimos de Roma, le dijimos jasta luego a Florencia y hasta pronto a la Toscana. Hoy ha tocado hacer lo mismo de Venecia.

Pegaba el sol como ningún día y es que llevo muy mal el calor de la costa. Aún así volvimos a perdernos entre los laberintos que son las calles de esta ciudad. Calles estrechas y llenas de tiendas, sobre todo de máscaras. Cuantos tipos y de que diferentes formas de decorarlas. Aquí, el carnaval, debe ser espectacular y más aún  en épocas antiguas cuando Italia era una potencia mundial en Artes. 

Llegamos así a la parada del Vaporetto que en tres cuartos de hora nos dejaría en Burano. Decidimos, como os dije ayer, visitar una sola isla, para verla bien y luego dar una última vuelta por Venecia.

Pasado el agobio y el calor del transporte público del Véneto, debido a la gran cantidad de gente que lo cogemos y a la falta de educación de muchos que hace que la convivencia en este tipo de situaciones sociales no sea de lo más agradable, llegamos a Burano. 

Este no es un lugar histórico y con arte como Roma o Venecia ni tan peculiar como Vencía, sino aún más. 

Una parada obligatoria si vienes a esta zona. Es tan peculiar como distinguida. Peculiar a la manera veneciana, con esos canales y puentes, nada parecido a lo que haya visto nunca pero esta, sin embargo, no es ni tan ruidosa (que tampoco lo es tanto Venecia) ni tan sobria en sus colores y formas. En Burano cada casa está pintada de un color diferente a su vecina. De colores vivos y no más de dos o tres plantas. Con balcones preciosos, azoteas de madera que incitan a subir. La historia dice que en época de nieblas a los barcos les era complicado circular por sus canales, por lo que se decidió que las casas se pintaran de colores vivos y así marineros y vecinos pudieran guiarse mejor. Esto se conservó como una tradición y ahora el Ayuntamiento obliga a cada propietario a pintar sus casas cada poco tiempo para conservar sus colores. 

Como he dicho, no hay nada parecido y tan original que haya visto ni en vivo ni en fotografías. La ciudad huele a pueblo de toda la vida, tal y como olían los pueblos de la Toscana. Se respira tranquilidad y te sientes bien acogido según pisas tierra firme. 

Es una isla pequeña por lo que lo mejor que se puede hacer, y así procedimos, es callejear y perderse. Cada callejón lleva a lugares más extraños y bonitos y al final de la isla, en el otro extremo del puerto donde se coge el Vaporetto hay más amarres, estos particulares y un pequeño parque desde el cual se dividía todo el skyline de Venecia y ciudades cercanas como Torcello.

Nos perdimos entre sus adoquines adentrándonos en las zonas menos turísticas, viendo el día a día de la gente que allí vive, en su gran mayoría comerciantes y marineros pescadores, y luego buscar un lugar donde comer sin dejarnos un riñón en el intento, pues aquí puedes pasar de comerte una hamburguesa rápida por 4€ a un plato de pasta por 35€. Quizás un término medio fue lo que más nos convenció. 

Tras un último vistazo a los canales, casas pintorescas y si torre inclinada nos fuimos, deseando poder tener una de esas casas que están en venta, muchas por cierto. 

Y ya último paseo por Venecia. Una cena rápida y un helado sentados mirando la puesta de sol entre las estrechas calles y las amplias plazas. Una ciudad en la que nos han faltado días para verla a fondo y quizás, un hotel más céntrico donde poder aprovechar más el tiempo, pero el presupuesto es el que es y las circunstancias son las que son.

La historia aún viva de Roma, la idiosincrasia italiana, el arte y ambiente presentes en Florencia, la belleza y tranquilidad de la Toscana, la forma de ser, activa y parlanchina de los italianos, los canales, las casas y el tiempo que parece haberse detenido en Vencía y Burano… Todas estas cosas que hemos visto en este viaje, que hemos vivido y algunas de ellas hemos sufrido. Si me tuviera que quedar con algo me quedaría con todo, pero si me ponen entre la espada y la pared me tendría que quedar con el espíritu aún vivo de Florencia y el tiempo detenido de Venecia.

Me despido de vosotros con esta última entrada de este magnífico pero corto viaje. Nos seguimos leyendo en próximos viajes y comentarios.

Pronto traeré los vídeos del viaje, supongo que serán cuatro en total. Como viene siendo habitual en mis viajes. Si queréis verlos solo tenéis que suscribirnos a mi canal, lo cual también se agradece. Lo puedes ver aquí.

Ciao!

Italia Roadtrip. Día 11

​Madrugón, recogida de última hora, desayuno rápido y a llevar el Panda de vuelta, al cual al final le cogí cariño. Entregas sin imprevistos aunque aún estoy esperando a que me devuelvan la fianza. Espero que sea una de esas transacciones que tardan un tiempo aunque es algo que me molesta sobremanera, ya que para cobrar sí se dieron buena prisa.

De cualquier manera nos dirigimos a la Estación de tren y esperamos en una cafetería junto con un café decente y escritura pendiente de ayer, a que nuestro tren dirección Venecia salga. Comida fría de camino en el vagón, también de alta velocidad como el que nos trajo a Florencia.

Lástima que en este viaje tengamos al lado a una pareja de amigas cuarentonas estadounidenses un tanto maleducadas y conversaciones airadas.

Al salir de la estación empezó un poco el caos. Una de las máquinas para sacar los billetes de autobús, el cual nos llevaría al hotel, se averió y no encontramos más así pues, dado que no estaba muy lejos decidimos hacer el camino andando, a unos 20 minutos pero se nos hizo muy tedioso cargados con la mochila y el calor agobiante de la costa.

Al fin llegamos. Esta vez hicimos la del viajero experto. Como no nos sobra el dinero, por suerte o por desgracia, decidimos buscar alternativas a los hoteles céntricos. Cuando realizamos la reserva muchos hoteles que estaban dentro de nuestro presupuesto y estaban céntricos no tenían ni baño privado ni mucha buena pinta. Si queríamos tener baño en la habitación los precios se nos disparaban, incluso al buscarlos con meses de antelación, a más de 100€ por noche. Seguimos indagando y e contamos  un camping en el interior, a unos 10 minutos en autobús de la estación de Santa Lucía y al centro histórico y que además cuenta con un transporte privado para sus clientes que va directo y sin paradas. De puerta a puerta. Así pues un bungalow con baño privado, aunque no en demasiado buen mantenimiento todo hay que decirlo y con piscina, pese a que no la vayamos a pisar, nos sale por unos 25€ la noche. Creo que para presupuestos ajustados el Camping Jolly  es una muy recomendable opción.

Regresando al meollo de nuestro viaje, una vez nos instalamos, cogimos el Shuttle y nos plantamos en los canales de Venecia. Aquí vayamos por partes. No esperaba ni de lejos que está ciudad fuera tan grande ni que su red de canales fuera tan extensa. He de reconocer que he venido sin idea alguna de esta ciudad, solo la que se por los libros de historia. Vine como un lienzo en blanco y sin mapa, dispuesto a perdernos.

Sí que quizás venía con la.idea preconcebida de que Venecia no era para tanto, ya que mucha gente me lo había contado en uno y otro momento pero yo he de decir que me ha gustado. Y mucho.

No hay dos calles iguales, ni dos puentes iguales. Hay rincones incontables e impredecibles. Callejuelas que no he visto en ninguna fotografía. 

El poco tiempo que nos restaba de día lo aprovechamos al máximo y no dejamos de patear la ciudad hasta la noche. Cada plaza es única y cada vista de los canales ofrece unos puntos de vista que no me imaginaba. Ver las góndolas pasar por los puentes mezclados entre las pequeñas lanchas de reparto o bomberos. Es una ciudad muy peculiar y única, ninguna ciudad tenga o no tenga canales se puede asemejar a Venecia.

Lo malo, como en todas las ciudades turísticas, es la gran afluencia de gente que hace siempre difícil el hacer una buena foto o caminar con calma. Además el precio desorbitado del transporte público como son estos vaporetto. Sin embargo de noche la ciudad parece volverse dócil y tranquila. Las calles se quedan en calma y la iluminación enseña nuevos perfiles. Es realmente especial esta ciudad.

Al atardecer vimos la zona de amarres, a la espalda de la plaza de San Marco. Una vista espectacular de la otra parte del Véneto. Aquí se congregan muchos fotógrafos para captar esta famosa instantánea y es por donde pasan inmensos ferrys y cruceros o incluso, como vimos, veleros de dimensiones enormes.

Malos consejos me dieron cuando afirmaban que en dos días se podía ver esta ciudad. Yo pienso que ni en una vida la puedes ver entera. Teníamos pensado que mañana, nuestro último día, pasar por varias islas pero al ver lo inmenso que es Venecia decidimos ir solo a una de ellas y poder disfrutar más de Venecia. Además de la Toscana, quedará una cuenta pendiente. 

Ahora intentaremos descansar entre tanto mosquito pero antes me daré una ducha en un baño que parecía limpio pero que ahora empieza a inundarse. Y mañana será nuestro último día en Italia. Toca volver a hacer la maleta, hacer el check in para nuestro vuelo, ya que hace escala y a despedirnos de esta tierra, muy a nuestro pesar.

Hasta mañana amigos viajeros.

Italia Roadtrip. Día 10

Escribo ahora desde la estación de tren de Santa María Novella esperando que llegue el tren de alta velocidad a Venecia.

Anoche fue imposible ponerme a escribir, la Toscana nos llevó mucho tiempo, cosa que ya esperaba ya que además salimos algo más tarde de la hora planeada, y además, 380km conociendo pueblos.

Recogimos el coche de alquiler y pusimos rumbo a Pisa. Todo camino por autovía, por la autostrada. Viaje algo monótono de una hora más o menos pero ni de cerca tan monótono como las autovías españolas. Aquí, al menos en esta zona, son estrechas, con curvas y por zonas muy muy boscosas. Llegamos finalmente a Pisa y dejamos el coche cerca de la muralla que delimita el centro histórico. Poco tiempo nos llevaría estar aquí pues poco de interés tiene la ciudad excepto la iglesia y obviamente la torre inclinada donde en lo más alto se sitúa el campanario. Dice la historia que la torre se empezó a inclinar en el mismo momento que se empezó a construir y que en los años 90 se prohibió la entrada por seguridad ya que año tras año la inclinación era mayor. Tras años de modificaciones finalmente tras eliminar más de 40 toneladas de tierra para equilibrarla en el año 2008 se volvió a abrir al público y además los expertos que intervinieron aseguran que continuará sin moverse al menos 200 años. 

Nos hicimos la foto de rigor, dimos una vuelta por la zona y de nuevo a nuestro Panda de alquiler para ir a Siena. Fuimos de punta a punta ya que los principales que queríamos conocer eran estos dos lugares y más tarde, perdernos por sus interminables carreteras serpenteantes y viñedos sin fin. 

Llegamos así a Siena, también por autovía, sin mucho que reseñar, a nuestro destino medieval. Aquí la cosa empezó a cambiar. Un lugar mágico, muy grande. Como caminar en pleno siglo XIII. Todo lleno de banderas y cuestas. A las afueras, cerca de la muralla, las vistas de todo el pueblo con espectaculares y una vez arriba, en el Duomo, la iglesia que quita el hipo, muy en sintonía a la de Florencia. Cosa que comprobariamos en toda la Toscana. 

Parada y Fonda aquí, perdiéndonos un poco por sus calles, llegamos a la conclusión que este es un lugar para conocerlo en profundidad y pasar más de un día aquí. Uno de mis lugares favoritos de la Toscana. Regresamos al coche cruzando sus estrechas calles llenas de sus típicas banderas.

A partir de aquí la cosa cambió radical. El paisaje pasó de sobrio y boscoso a colinas, praderas, viñedos y todo, aderezado con una puesta de sol que dejaba todo iluminado como si de un sueño o un cuento se tratara. Sin duda lo mejor de Toscana, con lo que me quedo y con lo que mi mente ha grabado a fuego. Lugares y carreteras en los que lo que de verdad apetece es pararse una y otra vez a tomar instantáneas. 

Llegamos así a San Gimignano, sin entrar al fondo, solo para ver su paisaje ya que no daba tiempo a todo, pues nuestra parada final iba a ser Volterra. Este es uno de los pueblos más tranquilos y bonitos de esta zona que tan solo conocimos escarbando en su superficie. Una larga escalinata nos dio la bienvenida y después, unas calles de ensueño, medievales, tranquilas casi al anochecer, una plaza idílica y un teatro romano que no esperas encontrar. Una pequeña ciudad en la que parece que se paró el tiempo y que tiene historia para estudiar a fondo, con etruscos, guerras romanas y revueltas ciudadanas que dan para varios post.

Por desgracia nos tocaba emigrar tras casi 400km en dirección a nuestra última noche en Florencia. Solo nos dio tiempo a cenar, despedirnos del Duomo, del puente Vecchio, de las plazas, de sus calles… La melancolía me estremeció, no os voy a engañar. Ya solo quedaba hacer la mochila, recoger todo y una última ducha para madrugar hoy es esperar al tren que nos llevará al último destino de este viaje, el Véneto.

Ya me despido hasta esta noche, pues nos queda un día largo. 

Nos leemos en Venecia, amigos viajeros.

Italia Roadtrip. Día 9

Hoy fue nuestro último día completo en Florencia. El viernes a primera hora recogemos el coche de alquiler, nuestro Pandita, y pondremos rumbo a la Toscana.

Descansamos bastante mal en esta cama y nos cuesta cada vez más levantarnos para el desayuno. Al menos hoy fue un día relajado para dejar de dar tanto trote a las piernas. 

Empezamos tras volver a desayunar el peor café de la historia, a diseñar la ruta del viernes por la Toscana y de los pocos días siguientes que nos quedan, los cuales estaremos en Venecia. Hay muchos lugares que queremos visitar pero no creo que nos dé tiempo a verlos todos. La ruta que he programado, sin pérdidas, algo poco probable, es de unos 300km. Nuestro primer destino será Pisa, en la parte más occidental de la península y la cual será algo breve, ver la torre inclinada y poco más ya que siempre nos han hablado de lo poco que hay que ver de aquí. Luego bajaremos al sur hacia San Gimignano, Volterra, Monteriggioni y Siena. Estos últimos están algo más cercanos entre sí, pero no creo que de tiempo a ver todos. Quizás el principal que queremos ver es Siena y de ahí, todo lo que nos dé tiempo será fantástico. 

Es una lástima ir con tan poco tiempo porque sería para estar un mes en Florencia y otro mes más conociendo la Toscana. Desde que vine por primera vez a Florencia he soñado con retirarme aquí o al menos vivir una temporada.

Con la ruta de Venecia y sus islas del Véneto nos pasa algo similar, pero eso ya os lo contaré llegado el día. 

Ya mas o menos ideada la ruta de la Toscana y habiendo preparado el navegador en nuestros smartphones (Utilizaremos Waze, ya que es uno de los navegadores más fiables y completos) nos dirigimos hacia las afueras de Florencia, hacia la plaza de la libertad, donde nos dijo uno de los recepcionistas del hotel que se podían dejar los coches aparcados y en nuestra zona, al ser el centro, no podemos pasar ya que solo pueden acceder residentes. Esto es porque el coche lo alquilamos 24h completas, por lo que podemos aprovechar todo el día y llegar sin prisas al hotel y dejar el coche por la mañana antes de coger el tren a mediodía dirección Venecia.

Hechos todos los trámites simplemente paseamos, charlamos, y conocimos más rincones de la ciudad, mercados de pieles… Llegamos a la.conclusion de que es una ciudad tremendamente silenciosa para la cantidad de gente que hay, y tan variopinta. Igual te puedes encontrar con el turista más típico con sandalias, calcetines, mochila y cámara en mano como a un mochilero cargado asombrado por la ciudad como por un lugareño que va con prisa al trabajo o a un artista pintor callejero que dibujar absorto en su mente rodeado de la multitud.

Y eso más o menos hicimos, nos sentamos después de caminar en la plaza de los Uffizi, simplemente fijándonos en la gente, los policías y los artistas callejeros. Charlando e intercambiando opiniones de la ciudad nos dio la hora de comer y regresamos al mismo lugar que anoche, lo que me obliga a hacer un paréntesis y un flashback de la noche anterior, de la cual no escribí porque decidí salir sin cámaras, tan solo como uno más.

Pues bien, buscamos lugar donde cenar tranquilos, callejeando en las calles menos conocidas y por ello, no menos transitadas. Recordé, y recordaré siempre, aquel restaurante en el cual pare después de un día sin parar de deambular por Florencia en mi último día en la ciudad antes de regresar a Roma. Recuerdo cruzar el puente Vecchio y quedarme dentro con los pelos de punta admirando la noche en el puente, con unos músicos españoles versionando canciones de Police en pleno puente. Antes de regresar a mi Hostel donde estaba hospedado callejeé por esquinas cercanas al río y en una calle paralela al Arno encontré la idílica de Luigi. El nombre se lo puse yo ya que este lugar era el cliché italiano por excelencia. Lugar pequeño, con mesas cuadradas decoradas con manteles a cuadros rojos y blancos de papel. El cocinero, Luigi, más ancho que alto con delantal y voz grave que hacía también las veces de camarero. Y aquí cene unos Spaguetti con Salmón más ricos y baratos de la historia, no se si por mi hambre feroz debido a mi caminada de kilómetros o simemente por el momento que estaba viviendo. Es el mejor restaurante de Italia en el que he estado y me hace recordar aquella noche tan mágica. 

Y ese mismo lugar iba buscando anoche. Cual fuera mi sorpresa que recordaba la calle y recordaba el lugar, Il Boccale. No esperaba encontrarlo con tanta facilidad, pero allí estábamos, sentados en el mismo lugar que me hizo tan feliz hace cuatro años y que ahora compartía con mi chica. Ahora entenderéis por qué hoy, quise regresar a comer, en nuestra última comida en Florencia.

Por la tarde fuimos al puente frente al Vecchio, a fotografiar el atardecer que le queda atrás, de tonos rosas y naranjas, pero hoy no fue la tarde, muchas nubes para apreciarlo, cosa que lleva ocurriendo desde que estamos aquí y nos vamos a ir sin poder captarlo. 

Así pues termina hoy el día en nuestro balcón con vistas a Florencia y al Duomo, cenando las sobras de la comida de hoy, charlando y riendo y disfrutando de nuestra mutua compañía porque aquí no acaba todo, mañana nos espera la carretera, esa que tanto me fascina.

Como os digo en cada post, si queréis ver más fotos del viaje podéis seguirme en Instagram cómo Joelmartinh o bien en mi página de Facebook como COMEKILOMETROS y para los vídeos de este viaje que pronto vendrán, no os podéis perder y suscribirnos a mi canal.

Hasta mañana amigos viajeros.

Italia Roadtrip. Día 8

​Según bajamos el hotel nos empezamos a encontrar con varias tiendas y restaurantes con comida para llevar, y es una pequeña reflexión que se me ha olvidado contaros estos últimos días.

En Florencia no solo hay edificios históricos y arte en galerías, sino también por la calle. Y no es solo eso, también se respira ese ambiente. Esta es una ciudad en la que no hay dos calles iguales y en la que cada vez que pasas por una calle encuentras nuevos detalles. Hay artistas dibujando auténticas obras de arte en acuarela e incluso con tizas en la calle con sus propias áreas delimitadas para que nadie invada esa proyección. Hay músicos y performance de actores por las noches. 

En definitiva, hay arte en la calle y hace que sea una atmósfera que se pueda respirar, que llega a ser algo tangible y por eso llegué a la siguiente reflexión al ver tantas tiendas y puestos con comida para llevar. La gente vive en la calle, admira todo lo que hay y no es una ciudad en la que meterse dentro de un restaurante, bueno o malo, a comer. Es una ciudad en la que comer en terrazas o coger cualquier comida para llevar y lista para comer en la calle, sentados en las escaleras de la plaza de la Signoria, en la Plaza del Duomo, frente al Palacio Pitti o en uno de los puentes frente al Vecchio. Y es que la comida ya te la dan con cubiertos para que no te la lleves a casa, sino para que la disfrutes de cara a la ciudad. Y así hace la gente.

Terminada esta reflexión y habiendo desayunado el peor café de Italia y posiblemente de esta galaxia, anduvimos hasta la estación de tren en busca de un coche de alquiler. Si venís aquí y pensáis hacer lo mismo ya os adelanto que aquí no hay oficinas, sino que están casi todas las casas de renting en una calle a unos cinco minutos de Santa María Novella. Lo miramos durante el desayuno en internet, pero no dan mucha información y con estas cosas hay que saber bien lo que estás contestando ya que muchos precios solo incluyen el coche, y no el seguro, tasas, etc.

Viendo algunos lugares en internet y algunas oficinas físicas nos decantamos por una bastante económica para este mismo viernes, nuestro último día en Florencia, ya que el sábado por la mañana partimos en tren a Venecia. Finalmente alquilamos un Fiat Panda, muy habituales aquí, para todo el viernes y con todo incluido por 50€, más la gasolina que gastemos. Visitaremos algunos lugares de la Toscana, pero eso ya os lo contaré el día que nos vayamos, aún tenemos que planificar la ruta.

Después de eso nos fuimos a la parte más al Este de Florencia, y yo creo que el más alto, a la plaza de Miguel Ángel. Una buena subida en cuesta y con escaleras que parte desde casi el río, en la parte sur, y que sube hasta la colina donde están las mejores vistas de la ciudad sin lugar a dudas. Todo el skyline de Florencia se puede ver desde aquí. Es un lugar que me deje por ver en mi última visita y que es una de obligado cumplimiento, desde luego.


Bajamos de nuevo y fuimos paralelos al río por la calle San Niccolo dirección el Puente Vecchio. En esta calle, además de galerías pequeñitas de artistas locales hay varias trattorias, también pequeñas muy bonitas y acogedoras. Nos sentamos a comer en una de ellas, en Boccadarno. Con menú cerrado pero amplio comimos muy bien y con un servicio genial gracias a su dueño, un tipo con gracia y desparpajo. Un sitio para volver.

Ya regresamos al hotel para descansar a medio día, escribir, hacer la ruta y secar la ropa que lavamos esta mañana y saldremos por la noche simplemente a pasear, por lo que seguramente deje la camara en la habitación y me desprenda de la mochila, por lo que aquí dejamos el blog diario de hoy, disfrutando de la noche florentina.
Aprovecho antes de irme para dar las gracias a todos aquellos que siguen este humilde blog y leen día tras día el diario de mis viajes. A todos aquellos y los nuevos, molto grazie.

Y como os digo en cada post, para ver más fotos de cada día podéis seguirme en Instagram como Joelmartinh o en  mi página de Facebook y para ver los vídeos de este pequeño gran viaje y para más cosas podéis seguirme en YouTube, que se agradece.
Un abrazo amigos viajeros.

Italia Roadtrip. Día 7

​El cansancio va pasando factura. No conseguimos descansar mucho hoy en el nuevo hotel y como suele ser habitual en los hoteles que incluyen desayuno, el café lo hacen personas que odian su trabajo. El peor café desde que llegamos.


Como lo tienemos tan cerca empezamos el día haciendo cola para entrar en la Galería de la Academia para ver la colección de instrumentos musicales de los siglos XVI y XVII y lo más importante, el David de Miguel Ángel. Es tan exacto en sus formas y volúmenes que parece que va a empezar a caminar. Es increíble que hace unos pocos siglos estuviera expuesto a la entrada del puente Vecchio.


Cuidado en cada detalle de arrugas de la piel, venas, musculatura, tendones, expresión de la cara… Es todo tan perfecto y bello que no podemos dejar de mirarlo sin más. Verlo es de obligado cumplimiento si vienes a Florencia y como cada galería o Palacio la entrada tiene coste, siempre entre 8 y 10€. En este caso 8€ pero puedes evitar colas de una hora aproximadamente de dos maneras, o bien esperando a última hora de la tarde o sino comprando la entrada por internet, lo cual evitarás esta cola e ingresarás en otra en la que no tendrás esperas pero tiene un coste de 4€ más. Nosotros fuimos a primera hora ya que como cojamos las entradas con acceso prioritario para cada lugar que vayamos nos quedaremos con el presupuesto tiritando.

Tras pasar largo tiempo admirando el David tocaba perdernos por las calles, seguir fotografíando la belleza de Florencia y más tarde comer en la Plaza de la Signoria. Aunque parezca mentira no es muy caro comer en lugar tan céntrico pero hoy pecamos de pardillos y confiados. Comer nos salió muy bien de precio pero tomamos las bebidas más caras de mi vida. Por un vaso mediano de refresco de grifo 6’50€. He tomado cubatas más baratos.

Tras la estocada final, no sin antes deshacernos del machete de la espalda cruzamos el puente, mi puente para pasar al otro lado del tío y entrar en el Palacio Pitti. Un gran Palacio con los jardines Boboli que pertenecieron a la familia Uffizi.

Pero antes nos fue imposible ir en línea recta. La colección de artistas, verdaderos artistas que pintan en la.calle y venden sus pinturas, carboncillos y acuarelas es infinita. La técnica no es un secreto para ellos y entre todos, algunos destacan por hacer algo diferente a los demás, con distintas técnicas, colores, o incluso motivos por los que dibujar.


Regresando a nuestro camino, el Palacio esta sobre recargado, con techos y paredes pintadas. Unos frescos que imitan una nueva decoración como si de un palacete se tratase, imitando a los museos Vaticanos y a la verdadera decoración de los palacios de la familia Medici. Son unas pinturas impresionantes. Estuvimos mirando a paredes y techos como locos embobados. 


Cuanto arte hay en esta ciudad. Luego en los jardines, tan inmensos como pueda ser el parque del Capricho madrileño, nos perdimos entre sus laberintos, fuentes y esculturas. Hecho para perderse de la.bulliciosa ciudad de entonces y entrar en la absoluta calma. Creo que es de las pocas zonas verdes de la ciudad. Además sus vistas desde lo más alto de los jardines en envidiable.


Terminamos el día en la Galería de los Uffici, en la mítica plaza a la que da su nombre. Hicimos honor a mi anterior consejo y entramos a última hora para evitar largas colas. Esta galería no solo merece la pena por ver pinturas de Caravaggio, Leonardo o el mítico Nacimiento de Venus de Boticelli, sino por las espectaculares instalaciones de este auténtico Palacio y por sus vistas que quitan el hipo y más de noche. Y más aún si esta lloviendo como nos ha ocurrido a nosotros. 
Desde sus ventanas pudimos ver el puente Vecchio desde una parte más alta, la silueta de Florencia con el Duomo casi en primer plano o sorprendernos con el reloj de la Piazza de la Signoria y su torre justo al lado. Solo por esto merece la pena entrar. Vistas como estas hay pocas en el mundo.

Y de hecho con estas vistas y caminando por las mojadas calles y en consecuencia, vacías, nos despedimos del día de hoy. Los edificios mojados hace que bajo la luz de la Luna y las farolas, brillen aún más. Esta ciudad tiene tantos matices… Puedes caminar entre tanta gente y siempre se mantiene un ruido moderado, como si estuviéramos en pleno Renacimiento andando entre sus edificios. Se que me repito pero no solo es la belleza florentina, es la atmósfera y el ambiente que ha conservado desde la edad media y hace que te ponga los pelos de punta cada vez que ves un rincón diferente o cada vez que te topas con el Duomo.


Mañana volverá a tocar seguir de caminata pero ya más relajados, viendo cosas más minimalistas y tomandonoslo con más calma pues ya hemos conocido gran parte de su mapa. El sábado tendremos que dejar Florencia, por desgracia, para coger otro tren, esta vez a Venecia.  Antes de esto, cogeremos un coche de alquiler para rutear por la Toscana en lugares tan idílicos como San Gimignano, Pisa o Siena, algo de lo que tenemos tremendas ganas.  Pero aún tenemos que introducirnos más en Florencia.

Hasta mañana amigos viajeros.

Italia Roadtrip. Día 6

​No se si he contado alguna vez que me encanta viajar en tren.

Cogimos uno de los primeros trenes a Florencia. Lo compramos por Internet desde Madrid para evitar colas, sorpresas de última hora y ahorrarnos algún dinero. Con tasas nos salió por algo menos de 20€ por cabeza en un tren de Alta velocidad y es que, la pareja que tenemos a nuestro lado, mirando un poco a hurtadillas cuando el revisor nos ha pedido el billete, han pagado 88€. Estoy escribiendo ahora mismo desde el coche número 5, en unos asientos que incitan al sueño a 245 km/h. Ojalá viajar por España en tren saliera tan barato. 

El tiempo está nuboso y algo fresco, quizás Florencia nos reciba con lluvia igual que lo hizo Roma el día que desembarcamos. 

Es tiempo de escribir, leer y admirar el paisaje que Italia nos tiene deparado hasta llegar.

Hicimos el check en el hotel sin problemas, de hecho nos llevamos una grata sorpresa , estamos mucho mejor que en Roma y la recepción mucho más receptiva, valga la redundancia. Y lo mejor estaba por venir, estamos en la última planta del hotel y todas las habitaciones que dan hacia el lado norte compartimos un amplísimo balcón en el que esta noche cenaremos y del que se ve con aun mas calma, el Duomo a unos 500 metros.

Este hotel, de momento, me es grato recomendarlo. Hotel Affittacamere Mannolini. 5 noches, pues estaremos hasta el sábado que será cuando partamos hacia Venecia, nos sale por 250€ sin contar la tasa municipal que nos cobran a los turistas cada noche 2,5 por persona. Al menos aquí el wifi va bien e incluye desayuno.

Si tengo que poner una pega al hotel es la instalación eléctrica. No todos los enchufes sirven. Siempre llevo una regleta conmigo dado que uso muchos aparatos eléctricos en mis viajes, como son en este caso 3 cámaras, móvil, reloj smartwatch, batería portátil y todo esto sin contar lo que lleva mi acompañante. Por eso es útil llevarla y cargar varios aparatos a la vez por la noche en una habitación que no siempre tiene muchos enchufes disponibles. En este caso los enchufes solo sirven los estrechos, los “nuevos” que son más anchos de seguridad no entran aquí, por lo que espero poder cargar todo para mañana ya que hoy gasté varias baterías y como nota adicional, dos tarjetas de memoria de 32gb cada una. En este viaje sí que llevo material de sobra…

Salimos del hotel y tan solo con continuar la calle algo menos de 10 minutos andando, ahí está, el colosal Duomo. He tenido las mismas sensaciones que la ultima vez. Y como en Roma, no quitaba ojo a mi chica, a su expresión, a su asombro y a sus inicios en esto del síndrome Stendhal. Dimos una larga vuelta a todo el edificio y dadas las horas nos paramos a comer. Lo cierto es que se va notando el cansancio acumulado, hoy va a tocar el secreto del guerrero y tomarme un ibuprofeno antes de dormir.

Comimos en uno de los restaurantes que hay en la plaza. Para mi sorpresa, hay menús del día a muy buenos precios y sin sorpresas como la cuota de servicio etc. Las cantidades y calidades no son nada del otro mundo pero comimos muy bien y con qué vistas!!!! 

Callejeamos más tarde por el centro. Si en Roma las callejuelas y rincones enamoran aquí es otra historia. Está todo tan cuidado, con las calles tan bonitas, tan decoradas y tan románticas, con artistas en plena calle dibujando auténticas obras de arte en el suelo, tocando música que inspira… En Florencia no solo es su belleza, es su atmósfera de que todo es posible, de querer sumergirte más y de no querer irte jamás.

No podíamos sino, llegar a la Piazza de la Signoria con todas sus obras de arte en plena calle, cruzar la plaza de la Galería de los Uffici y luego… El plato fuerte, el Ponte Vecchio. Por más tiempo que me quede en la orilla del río a contemplarlo nunca será suficiente. No es su belleza, es simple y llanamente que es especial, parece que estés viendo a Miguel Ángel, Da Vinci o Dante andando por el puente.
Lo cruzamos, cómo no podia ser de otra forma y regresamos al Duomo para sentarnos un rato a tomar un helado, no sin antes pasar por la plaza de la iglesia de San Lorenzo y ver la cantidad de tiendas de productos de cuero y notar como su olor se pega en toda la zona. Todo aquel que haya leído “El Perfume” sabrá cómo es esa sensación.

Hicimos tiempo para que llegara el atardecer y fuimos a ver el Palacio de los Medici. Por dentro me recuerda a los museos Vaticanos, decoración increíble y muy recargada. Con techos artesanales de madera, pinturas en muros y techos y ornamentos por todos lados. Su palacio, tanto por dentro como por fuera, da a conocer la importancia y poder que tenía esta familia en la época. Ahora se encuentran muchas de sus salas cerradas y entrar nos costará 7€.

Y llegó el atardecer, a correr a ver el puente Vecchio iluminado. Sensaciones indescriptibles, y cruzarlo de noche con todas las joyerías cerradas con sus puertas de madera y cerrojos con la forma de la flor de Lis… Mágico, no hay otra palabra. Y como cada noche, un músico termina de adornar el puente para todos los transeúntes. Cómo será posible que tenga los pelos de punta cada vez que ando por las calles de Florencia.

Terminamos el día con cena casera para llevar que nos hemos encontrado en restaurantes de nuestra calle. Ya lo teníamos pensado. Qué mejor lugar para cenar que este balcón con vistas a Florencia y al Duomo. 

El Martes dan previsión de lluvia por la tarde… Veremos qué nos depara el día.
Si quereis ver más fotos, como siempre os digo podéis seguirme en mi cuenta de Instagram cómo Joelmartinh y para todos los vídeos que suba del viaje en mi canal de Youtube.
Nos leemos mañana amigos viajeros

Italia Roadtrip. Día 5

Último día en Roma. 

Aprovechamos hoy para descansar un poco, arreglar el tema del agua caliente del hotel y ver a qué catacumbas podemos ir esta tarde ya que en muchas de ellas los domingos por la mañana cierran. Además los horarios no son continuados puesto que se encuentran dentro de iglesias, suele haber un turno de mañana que termina a eso de las 12h y otro de tarde que termina a las 18h.

Por lo que vemos todas están muy alejadas del centro, a 45min en transporte público, así que hemos seleccionado una que no está demasiado lejos e iremos por la tarde.

Tener hoy un día más ocioso hace que me fijé en más detalles de la vida cotidiana romana. Como el hilo musical del metro, la inseguridad que se respira dentro de él pese a que hay, literalmente, dos militares con vehículos blindados y camuflaje con sendas metralletas y con el dedo sobre el gatillo. Además hay mucha policía local, Carabinieri e Interpol por las calles, por lo que la presencia de los militares, siempre en pareja en cada boca de metro, plaza o lugar emblemático no da mucha tranquilidad.

Hoy es un día de esos en los que no hay plan establecido. Sin rumbo. Buscaremos un lugar donde comer y ya no conocer, sino familiarizarnos con Roma, un paso más adelante.

Además hoy tendremos que regresar no muy tarde al hotel porque hay que hacer las mochilas y descansar pues mañana nos espera un viaje en tren de un par de horas a Florencia. No veo la hora de partir.

Pero vayamos por partes. Regresamos para nuestra última comida en Roma a uno de mis restaurantes favoritos de la ciudad. Lo conocí hace cuatro años, de camino al Coliseo, pasados los foros romanos. Es inconfundible, una terraza cubierta por un techo de tupida Parra. Una comida distendida en Angelino Aifori, con una larga sobremesa española, aunando culturas.

Nos levantamos con Lorenzo en todo lo alto y nos dirigimos a las afueras del centro, a las catacumbas de la iglesia de Santa Inés. La información no era de lo más completa. Hay cientos de catacumbas por la ciudad pero solo 5 abiertas al público y además con horarios muy estrictos y sin información sobre las entradas.

Cuando llegamos en metro, no había nadie dentro. Dimos la vuelta buscando la entrada y dimos con un acceso por la puerta de atrás, llena de pinturas y panegíricos con la incertidumbre de si nos echarían por estar allí. Aquella entrada daba a la iglesia por la puerta de atrás y descubrimos que era preciosa, con dos alturas, arcos románicos y un techo con unas molduras increíbles. Al fondo, la cripta donde está, en un lugar bastante miedo, en la planta baja por unas escaleras estrechas, el ataúd de Santa Inés. Más al fondo el pasillo de la catacumba sigue bajando pero una puerta cerrada con llave nos impedía el acceso. Ya fuera descubrimos una pequeña oficina en los jardines donde se compran los tiquets para acceder junto con un cartel que decía que el cura está fuera hasta dentro de una hora. Nos casamos de estar allí y de pagar más dinero a la iglesia, pues bastante les dimos ya en el Vaticano, y nos ahorramos los 8€/entrada para ver las catacumbas.

Luego regresamos para pasar lo que quedaba de tarde frente a la Fontana y sus calles adyacentes. Ahora nos encontramos haciendo las mochilas, recogiendo todo lo que tenemos esparcido por la habitación y cargando las cámaras y baterías. Mañana a las 8h sonara el despertador y cogeremos el tren a Florencia.

Como siempre, si queréis más fotos del día podéis seguirme en mi cuenta de Instagram cómo Joelmartinh

Para más fotos subiré una galería completa con mejores fotos una vez regresemos a Madrid y el viaje completo en vídeo lo subiré en 3 o 4 partes a mi canal Youtube Joey Channel

Mañana os escribiré desde Florencia. Un saludo amigos viajeros.

Italia Roadtrip. Día 4

Nos despertamos temprano, un desayuno no muy bueno, excepto el café, porque aquí es bueno vayas donde vayas, y cogimos el tren de Roma-Lido hacia Ostia Antica.

Llegamos tras una media hora de trayecto pero no fuimos directos a esta ciudad en ruinas, nos desviamos un poco hacia un pequeño castillo, el Castello di Giulio II. Es muy pequeñito, de pura edad media pero es fantástico. Entre sus muy pequeñas murallas se conservan casas italianas de toda la vida, llenas de plantas enredaderas, palmeras y cactus donde viven familias. 

Además una iglesia románica y banderas al más puro estilo medieval terminan de decorar esta villa tan especial. Todo está como a escala, muy acogedor. Es como un pequeño pueblo de cuento que inspira a cualquiera que pase por aquí. 

Ya sí entramos a las ruinas de Ostia Antica, donde pagamos una entrada sin audioguia por 8€/persona. Este es un lugar donde se respira historia casi viva. Fue una ciudad portuaria que creció hasta llegar a los 100.000 habitantes. Era una colonia de la propia Roma y desde aquí entraban los barcos llenos de mercancías. Llego un punto entre el siglo III y el II en el que el puerto se empezó a quedar pequeño y los cada vezas grandes barcos cargados hasta los topes no entraban en los cada vez más pequeños puertos. 

Esto hizo que Ostia Antica entrara en crisis y mucha gente emigrara en busca de un futuro más prometedor. Esto unido a una grave cepa de malaria dejó este paraje desértico. Quedando solo las casas, templos, teatros, suelos, empedrados y todo el arte. El paso del tiempo se encargó de conservarla de la mejor manera posible enterrándola en arena.

Un verdadero Museo viviente. Una parada obligatoria si visitas Roma. Lo que más me llamó la atención en su día fue que el propio museo es la ciudad en sí. Podemos andar por sus calles, perdernos entre las casas, mercados y templos. Callejear entre los empedrados o subir a lo más alto de algunos edificios y poder ver lo grande y bella que es. Termas decoradas con suelos y mosaicos increíbles. 

Mercados con estanterías y hornos, casas, vías, pozos, templos dedicados a dioses… Se respira historia y arte al mismo tiempo. Si así nos podemos hacer una gran idea de lo que fue Ostia Antica, una colonia del Imperio romano, como no sería la capital… Italia inspira por su historia y por su arte a partes iguales. 

Dimos una gran vuelta por toda esta ciudad, y cuando el calor más apretaba desandamos el camino hacia el hotel. Hoy comimos en la propia habitación para refugiarnos del calor del mediodía y lavarnos un poco. Comimos unos bocadillos típicos de uno de los puestos de la estación de Termini. Más que recomendables, sobre todo el de milanesa de pollo con lechuga y tomate y el de carpaccio y queso gorgonzolla. No son un bocata cualquiera. Muy Buenos.

La única nota negativa de nuestra estancia seguramente sea el hotel. Mira que yo les pido poco, con un baño y cama limpios me conformo, pero estamos teniendo mucha paciencia ya. La información del hotel afirmaba que la habitación tenía secador y que las toallas y sábanas se cambian cada 3 noches, pero nada de eso lo están haciendo. Si además le sumamos que hoy no ha funcionado el agua caliente de la ducha y que la come wifi es tan lenta e intermitente que es mejor no tener nada, hace que me replantee que sacamos un buen precio por este hotel.


Ahora saldremos a pasear por el centro, tomar algún helado nuevo y disfrutar de esta ciudad de noche. Cualquier ciudad brilla más de noche pero Roma en concreto parece revivir todos esos espíritus ancestrales que hacen que la historia no se vaya, que hacen que te sumerjas con ellos y de verdad vivas la ciudad y no solo la veas.


Es una ciudad completamente distinta, su ambiente te embriaga, su temperatura es más agradable y podemos escuchar a los músicos por las calles mientras la iluminación de toda la ciudad resalta todos los detalles de los capiteles, columnas, esculturas y ruinas de todas las calles. De nuevo, una noche más, nos perdimos entre los callejones descubriendo edificios nuevos, pequeños rincones que solo podemos encontrar aquí, porque no hay nada parecido a Roma. Callejeando pues encontramos un restaurante de estilo más moderno, con un gran gusto por la decoración y de precios populares. 


Entramos sin dudar al Salí & Tabacchi y tuvimos una cena espectacular, puede ser uno de los mejores restaurantes de Roma por los que he pasado. Un trato exquisito y una comida muy buena, amplia carta y abundante cantidad a un precio barato comparándolo con cualquier sitio. Además, para aderezar probé una cerveza que no tengo en mi coleccion,  Menabrea e Figli, y tengo que decir que es ahora una de mis cervezas favoritas.

Mañana será el último día aquí, el lunes partimos en tren hacia Florencia. Aquí estoy encantado pero no os voy a engañar, Firenze es especial para mí, el síndrome Stendhal esta presente en cada esquina y es como andar en la edad media todo el rato, es sin lugar a dudas mi lugar favorito en el mundo y estoy deseando llegar ya.

Aprovecharemos el último día en Roma para ver lo que nos hemos ido dejando el camino y sobre todo para hacer una visita a unos lugares que hace cuatro años me quedé sin conocer, las catacumbas romanas, que en la actualidad hay más de 100 censadas pero solo 5 abiertas al público.

Como siempre os digo, si queréis ver las mejores fotos del día me podéis seguir en Instagram cómo Joelmartinh o en mi página de Facebook comekilometros.

Me despido hasta mañana, amigos viajeros.